La leyenda del Arsenal: Norris, Chapman y Wenger
La historia del Arsenal es Henry, pero también Bastin, Charlie George, Ian Wright y George Graham. Y Chapman y su WM. Es Sir Henry Norris, el doblete del 71 y el récord de partidos sin perder de Wenger. Y Highbury y su enorme rivalidad con el Tottenham en el norte de Londres.


El Arsenal es el único grande de Inglaterra que no ha ganado la Copa de Europa, y eso le marca de momento. También fue un revolucionario en las tácticas, y uno de los impulsores del juego en las islas. El Arsenal es muy grande, un equipo repleto de historia, que no se llama así de casualidad.
Un día de 1886, tres trabajadores del depósito de armas de Woolwich Arsenal decidieron fundar un club de fútbol (de ahí el apodo de gunners, que significa cañoneros). Ironía del destino, ninguno era londinense: David Danskin, escocés de Kirkcaldy; Fred Beardsley, de Nottingham; y Richard Pearce, de Bolton. Juntaron diez libras y seis peniques y llamaron al club Dial Square, que jugó su primer partido ante el Milwall. Pero algo no convencía y en una reunión en el Hotel Plumstead se decidió cambiar el nombre por el de Royal Arsenal. Y establecer los colores rojo y blanco en homenaje al Nottingham Forest, donde habían jugado varios de sus miembros, el portero y fundador Fred Beardsley entre ellos. Y así empezó todo.
El Arsenal jugó su primer partido el 8 de enero de 1887 ante el Erith en el Plumstead Common, un estadio ridículo y que obligó a los dirigentes a buscar soluciones como el Sportsman Groung y el Manor Ground, que duraría veinte años. Highbury sería oficialmente inaugurado en 1913, justo en la peor temporada del Arsenal en toda su historia. Último en la tabla con sólo tres victorias y en la absoluta quiebra, Sir Henry Norris salió al rescate, lo llevó al barrio de Highbury y así consiguió dos cosas. Por un lado empezó a ser mucho más popular en Londres y por otro inició su legendaria rivalidad con el vecino Tottenham. Y más aún, consiguió que tras la Primera Guerra Mundial el Arsenal se instalase en la máxima división.
Quinto en Segunda antes del conflicto bélico, la guerra había desordenado todo y Norris convenció a las autoridades de que el populoso barrio de Highbury necesitaba un equipo en Primera. Y era su Arsenal.
Revolución táctica.
Una maniobra astuta que convierte a Sir Henry Norris en el más importante personaje de la historia del club junto a Herbert Chapman. Entrenador tranquilo y decidido, con un pasado dudoso tras un asunto de dinero negro en el Leeds, llegaba en 1925 con dos títulos de Liga y una Copa con el Huddersfield cuando Norris le convirtió en el técnico mejor pagado del país con 2.000 libras de salario.
Nunca el Arsenal le estará suficientemente agradecido, porque no sólo le dio títulos sino reconocimiento mundial con su revolucionaria táctica de la WM. La FIFA acababa de cambiar la regla del fuera de juego, y en lugar de tres eran ya sólo dos defensores los que habilitaban al atacante. Chapman intuyó la solución, adelantó dos laterales a marcar a las alas rivales, puso un centrocampista a ocuparse del hombre rival más adelantado y situó tres puntas.
El dibujo era una WM y con ello revolucionó el fútbol, batió el récord de puntos en el campeonato de 1931 y dejó un legado de una Copa y dos Ligas, aunque tras su muerte en 1934 los dos campeonatos siguientes ganados se le atribuyen a él, que había armado un equipo casi invencible.
Habrá un antes y un después de Chapman, ya que además trajo a las primeras estrellas del club. Joe Hulme, David Jack, Ted Drake, Robert John y por supuesto el gran delantero Cliff Bastin, al que acaba de arrebatar el récord de goles hace poco Thierry Henry. Pero entre Bastin y Henry la historia del Arsenal estuvo repleta de dramas y éxitos, generaciones exitosas y desastrosas.
Las bombas nazis sobre Londres destrozaron Highbury y el equipo tuvo que jugar en White Hart Lane, feudo de su querido enemigo Tottenham. Fueron décadas de anonimato y sólo algunas pinceladas de gloria. Tom Whittaker había sustituido a Chapman y antes de morir por un infarto en 1956 dejó dos Ligas y una Copa, pero fue incapaz de atraer estrellas y el Arsenal entró en un peligroso anonimato del que sólo salió a finales de los 60, cuando la gran generación del doblete de 1971 empezaba a enseñar sus garras.
Primero con Dave Sexton y después con Don Howe, el Arsenal juntó al portero Wilson, al central McLintock, a Storey, George Armstrong, Ray Kennedy, George Graham y Charlie George. También a Pat Rice, hoy ayudante de Wenger y nexo con el gran Arsenal de esa década. Ganaron la Copa de Ferias de 1970 con una remontada histórica en Highbury ante el Anderlecht y sobre todo el doblete Liga-Copa de 1971, coronado en Wembley con un inolvidable gol de Charlie George que derrotó al Liverpool. Luego cayó en Copa de Europa ante el Ajax de Cruyff, y con ello inició un calvario en la máxima competición europea del que aún no salido.
Desde aquel 1971 el Arsenal coleccionó éxitos indudables. Aquella Liga arrebatada en el último segundo al Liverpool y en Anfield con el gol de Thomas que sirve de hilo conductor en la película Fever Pitch, inspirada en el libro de Nick Hornby y que es un homenaje al fútbol del bueno; la inolvidable final de Copa de 1979 ganada al Manchester United con un gol de Sunderland o el doblete Copa inglesa-Copa de la Liga con Graham en 1993. También vivió momentos tristes como la derrota por penaltis en la final de la Recopa ante el Valencia en Bruselas en 1980 o el golazo de Nayim para el Zaragoza en París, que mandaba otra Recopa al limbo.
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El presente.
Pero al Arsenal aún le quedaría una última etapa exitosa, marcada por la llegada de Wenger, que aterrizó en Highbury en septiembre de 1996 y sólo año y medio más tarde ya había ganado el doblete, con una remontada de 11 puntos al United en la Liga. Con la columna Vieira-Henry y el rejuvenecimiento del equipo, Wenger instaló un estilo que les dio éxitos como la racha de 49 partidos sin perder y la confirmación de Henry como uno de los grandes del fútbol europeo. Más de un siglo de historia corona al Arsenal, que vive todavía con el síndrome de la Copa de Europa y se dispone a despedir Highbury para marcharse a un nuevo estadio, más grande y más moderno. La leyenda quedará atrás.



