Ni el campo helado pudo con un Sevilla ambicioso
Jordi firmó el gol del triunfo que acerca el pase a octavos

Llorar es de perdedores. Buscar las excusas previas a un choque es de equipos mediocres. En la noche del martes, Del Nido frenó los tembleques que a algunos les entraron cuando pisaron el terreno de juego del Lokomotiv Stadium. "Sólo hay que pensar en la victoria y olvidarse de todo", fue el mensaje. Y así sucedió. Pese a los 15 grados bajo cero de temperatura y el nefasto estado del campo, Juande no varió sus planes y salió a por todas. El equipo se armó de ambición y salió descarado a por el encuentro. Sin miedos, sin mentiras, sin excusas. Fue el primer paso para lograr la victoria.
Sólo en los minutos iniciales se repartieron el protagonismo los rusos. Loskov y Bilyaletdinov amenazaban con el buen trato del balón. Pero el guión se interrumpió muy pronto. Dos acciones de Alves y Kanouté anunciaron que el Sevilla no entregaba nada. Es más, con el paso de los minutos, los sevillistas se amoldaron a los condicionantes. La trampa no era tan mortal. Fueron soltando lastre hasta convencerse de que era posible dar un golpe de efecto en Moscú.
Pese al estado mal estado de la hierba, los dos equipos plantearon un fútbol creativo. Es curioso, ni un solo voleón. Dragutinovic y Navarro, muy expeditivos, abortaban los amagos del Lokomotiv. A partir de ahí.., ¡a jugar! Luis Fabiano, Kanouté y Adriano, muy activos, plantearon un encuentro de calidad. El mejor estado físico de los sevillistas fue imponiéndose. La balanza se desniveló en la segunda parte. Lebedenko salió por el inédito Parks para darle más veneno al ataque, pero la pareja de centrales sevillistas no permitió nada. Fue entonces cuando apareció el carácter y la ambición del Sevilla. El equipo se sintió dominador y dio un pasito adelante. Las ocasiones comenzaron a caer en cascada: Luis Fabiano tuvo dos muy claras, Kanouté firmó una contra extraordinaria, Adriano asustó y estrelló un balón al palo. Era cuestión de tiempo. Finalmente, el premió cayó tras un remate extraño de Jordi, que contactó el balón con la espalda y el muslo. El Sevilla asaltaba Moscú, gracias a su espíritu ganador. Lo dijo Guardiola: lo más importante para ganar un partido es creer en ello. Lección de orgullo.
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Aunque no sea uno de los goleadores habituales en el Sevilla, Jordi López ya demostró su eficacia en ataque durante sus etapas en los filiales de Barcelona y Real Madrid. Ayer decidió el partido con su extraño remate, que supone su primer tanto en una competición europea.



