Primera | Valencia 1 - Barcelona 0

Valdés anima la Liga

Toda una semana esperando el partido más importante de la Liga, a Eto’o, a Villa, a Aimar o a Iniesta y al final los pies que decidieron la suerte del encuentro y quién sabe si de la Liga fueron los de Víctor Valdés. Un calamitoso fallo del portero propició el gol de Villa, un delantero que vive en estado de gracia

<B>ERROR.</B> Un fallo de Víctor Valdés decidió el partido entre los dos primeros clasificados de la Liga.
Óscar García
Jefe de sección
De Moratalaz. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Fue uno de los cinco primeros becarios en la historia de AS (1994). Estuvo seis años en PC Fútbol y entre 2002 y 2014 en AS.com. Pasó por TMG, A la Contra, archivo del Mº de Justicia y deportes de La Razón. En 2022 volvió a AS como jefe de sección de AS América.
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El fútbol es maravilloso y cruel. Maravilloso para un futbolista como David Villa, el delantero español más en forma, que convierte en gol casi todo lo que toca y presiona y trabaja hasta el agotamiento, hasta el punto de convertirse en una verdadera pesadilla para los defensas rivales, que nunca encuentran una salida clara del balón cuando tienen al asturiano delante. Y cruel para un portero como Víctor Valdés, acostumbrado a sentirse cuestionado desde su debut. Los errores de los guardametas siempre sobresalen más que sus aciertos y el que cometió Valdés en Mestalla es de los que se recuerdan durante mucho tiempo.

Hasta ese minuto 43, Víctor Valdés había sido de lo mejor de su equipo, con intervenciones decisivas que evitaron más de un gol. Pero llegó Van Bronckhorst cedió el balón a Valdés, éste demostró su torpeza con los pies y de manera incomprensible le regaló el balón a Villa, que agradeció el obsequio, no se puso nervioso, vio al portero azulgrana al borde del área y le superó con una perfecta vaselina. Algún amante de la estadística puede considerar como asistencia el pase de Valdés, que ya dio otro gol al mismo Villa en el encuentro de la primera vuelta.

El gol calentó los ánimos, especialmente en gente como Edmilson y Albelda, futbolistas con poca paciencia, sobre todo el valencianista, al que los cables se le desconectan con demasiada frecuencia. La cosa no fue a más porque el árbitro, Pérez Burrull, mantuvo la calma y demostró mano izquierda, pero sobre todo porque llegó el descanso.

Todo lo que sucedió antes y después fue importante, pero no tanto como esa acción, que decidió el encuentro y anima una Liga que hace unas semanas se daba por decidida a favor del Barcelona y ahora parece más abierta. Se aproxima la Liga de Campeones y al Barcelona se le acumulan las bajas y las dudas. Esta Liga sólo la podía perder el Barça, que ha visto reducida su ventaja a seis puntos con el Valencia y siete con el Real Madrid.

Miedo y táctica

Los dos conjuntos afrontaron el partido con mucho miedo y la táctica superó al fútbol, que en pocos momentos fue bueno, o al menos tan bueno como se espera de los dos mejores equipos de la Liga. El Valencia convirtió el choque en un duelo muy físico y ahí el Barcelona tenía todas las de perder. Sus ausencias pesaron demasiado.

Hace ya demasiado tiempo que perdió a Xavi y con él muchas de las ideas del equipo y en esta jornada tampoco pudo contar con Ronaldinho, Messi y Deco. Todo ello obligó a Rijkaard a presentar un centro del campo formado por Edmilson, Iniesta y Van Bommel, a los que se comieron Aimar, Baraja y Albelda. Iniesta y Van Bommel se han encontrado en las últimas semanas con la oportunidad de ser titulares y su aportación ha sido paupérrima. Con ellos, el juego del Barça tiene poco peso. También pobre fue la actuación de Ezquerro, al que el técnico holandés situó en ataque junto a un poco acertado Eto’o y Giuly. El francés, lesionado, no pudo terminar el primer tiempo y fue sustituido por Larsson, que puso voluntad y poco más. Tuvo una clara ocasión a los 67 minutos, pero cuando el sueco ya se preparaba para celebrar el gol Cañizares sacó el pie para que todo siguiera igual. Los pies de Valdés propiciaron el gol de Villa y el de Cañizares evitó uno de Larsson.

Claro que todo podía haber sido diferente si Pérez Burrull hubiera pitado a los once minutos un claro penalti de Moretti a Márquez o si en un córner sacado por Iniesta el magnífico cabezazo del mexicano no se lo hubiera encontrado Cañizares poco antes de que entre Valdés y Villa resolvieran el choque.

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Regueiro también malgastó su momento de gloria y en un mano a mano consiguió superar a Valdés, pero el balón terminó saliendo junto al poste. Aimar también apareció a la media hora, cuando fue objeto de penalti por Edmilson. El argentino, honesto como pocos, no se dejó caer y su disparo lo sacó Valdés.

Los cambios de Rijkaard y la precaución del Valencia permitieron ver un dominio ficticio del Barcelona en la segunda parte. Ficticio porque el físico siguió teniendo más peso que la técnica y ahí es donde el Valencia se siente más cómodo y cuando más sufre el Barcelona, que perdió su segundo partido consecutivo.

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