"Tengo una novia del Barça, pero un solo amor: el Chelsea"
Frank Lampard (20-6-1978, Essex) es de esos jugadores que aún miran el fútbol con un punto de inocencia. Elogia al Barça, es una rara avis y él sabe lo que quiere decir eso.


Estudió usted latín, una muestra más de que es un futbolista diferente.
No recuerdo mucho latín, pero estoy orgulloso de poder explicar a la gente el origen de algunas palabras. La gente alucina cuando me oye hablar de esas cosas.
No es por su habilidad con las lenguas, pero Jose Mourinho siente debilidad por usted. ¿Cómo es con los jugadores?
Me dio la etiqueta de ser el jugador más completo del mundo porque quiere que yo lo crea. Es muy inteligente. Antes de tener nuestra primera charla yo veía lo que ve todo el mundo: la arrogancia. Pero en privado es un hombre leal con los suyos, relajado, bromista, se pone a tu nivel. Bromea pero al mismo tiempo le tienes respeto porque mantiene cierta distancia. Con su actitud pública, nos evita mucha presión.
Hay quien dice que el Barça está ensayando ya el encuentro ante el Chelsea. ¿Y ustedes?
Para nada. No sé qué tiene Mourinho en la cabeza, pero estoy convencido de que no quiere que retiremos nuestra vista de la liga. No es así como funcionamos. No queremos pensar en el futuro, no queremos relajarnos y luego descubrir que estamos demasiado lejos de nuestra forma ideal cuando llegue el encuentro.
Es usted un seguidor semanal de la Liga española. ¿Y el resto del equipo? ¿Están siguiendo al Barcelona de cerca?
Eso sí. Hay quien hasta apuesta cuando el Barcelona juega en la tele. Y los seguimos, pero no solamente porque nos tenemos que enfrentar a ellos pronto, sino también porque están jugando un fútbol bellísimo. Es fantástico verles pasar el balón de ese modo, esos trucos que se sacan de la manga. Sabemos de lo que son capaces, cómo juegan. Pero aún así si los echan por la tele siempre les veo, en el hotel, en casa.
Tiene pinta de que hay muy poco que les diferencia, justo como el año pasado.
Es tan complicado predecir un partido así. Los dos equipos pueden marcar muchos goles, son fuertes en su propio estadio. La temporada pasada metimos tres en 20 minutos. ¿Quién iba a decirlo? Lo ideal es que nuestra intensidad en casa en el primer partido les mantenga en guardia y que no tengamos que ir al Camp Nou con la necesidad de vencer. Te juro que no sé quién es el favorito o quién puede ganar. El césped estará lleno de jugadores que pueden cambiar el destino del partido.
En cierto modo, es una pena que se encuentren tan pronto.
Lo es, es cierto. Somos dos de los equipos más en forma en Europa de momento.
¿Le gustaría que se usara un sistema de cabezas de serie para que esto no ocurriera?
Estos partidos le dan encanto a la competición. Y lo que la hace grande también es que la puedan ganar equipos como, con perdón, el Liverpool o el Oporto la temporada anterior. Es un sistema que está funcionando y los mejores tienen ocasión de liderar sus grupos para no tener que verse las caras demasiado pronto. La verdad es que sólo podemos culparnos a nosotros mismos si ahora nos ha tocado el Barcelona. Además, imagina qué piensan los otros equipos cuando ven que los grandes se enfrentan entre ellos.
¿En qué ha cambiado el Chelsea desde la campaña pasada?
Somos más fuertes. No sé si estamos jugando un fútbol excitante y bonito, pero nos conocemos mejor. Está siendo una temporada dura en la competición doméstica, va a costar más que el año pasado ganarla porque los rivales mejoran para batirnos. Tenemos una mentalidad ganadora que nos es muy útil y que también es superior al año pasado. Ya teníamos un gran portero y una gran defensa, pero ahora siento que el equipo funciona como una máquina en el resto de posiciones.
¿Qué influencia tendrá jugar el segundo partido fuera?
Puede influir, por supuesto. Todos los jugadores queremos decidir la eliminatoria en nuestra casa.
Porque si el árbitro tiene que tomar una decisión...
Sí, ya lo vimos el año pasado en nuestro cuarto gol con la supuesta falta a Valdés. Fue una decisión controvertida y la presión de la grada cuenta. También fue un poco injusta la expulsión de Drogba en la primera vuelta. Debemos vencer al Barcelona en casa, pero si no lo hacemos, iríamos al Camp Nou a ganar el partido. No tenemos miedo.
Hay otro cambio respecto al año pasado. A pesar de las tensiones de aquella eliminatoria, usted se ha hecho amigos en la plantilla del Barcelona.
He disfrutado mucho estos últimos meses. Nunca me consideraba capaz de estar entre los mejores y aún cuesta pensar que alguien me pone en la misma categoría que Ronaldinho y Etoo, dos genios que me he encontrado en varias ceremonias de premios. Son muy buena gente y nos hemos reído mucho cuando nos hemos encontrado. No hablamos el mismo idioma, entiendo y estoy aprendiendo castellano, pero las buenas vibraciones no venían de lo que decíamos. Había buen rollo. Me encanta tener amigos así en el fútbol. Les admiro muchísimo y tengo muchas ganas de enfrentarme a ellos. Para este tipo de cosas, se entrena fuerte y se lucha
¿Le va a dejar José Mourinho decir otra vez que adora Barcelona, el club y la ciudad?
Es verdad que de pequeño me compré una camiseta del West Ham y otra del Barcelona, casi más por fashion que por otra cosa. Se llevaba esa y la del Milán. Pero tengo una novia del Barça y soy seguidor del fútbol europeo y me gusta verles jugar en la tele. Pero tengo un solo amor: el Chelsea. He dicho alguna vez que me gustaría jugar en el extranjero, incluso en España. Pero lo que uno quiere y lo que hace al final no siempre es la misma cosa.
¿Entonces se ve retirándose en el Chelsea?
Tengo una gran relación con el club, con la afición, con el entrenador, con los jugadores. De verdad que me siento muy a gusto y estoy ganando títulos por primera vez en mi carrera. Me siento importante y parte de lo que está ocurriendo aquí. No me gustaría cambiar todo esto.
A usted le encanta correr y su progresión ha sido muy evidente desde los días del West Ham. ¿De dónde ha sacado esas ganas de mejorar?
De mi padre, ex futbolista también. Me empujó hasta el límite cuando era joven, pero yo entonces no entendía por qué me exigía tanto. Solía correr con él en un parque cerca de casa cada día pero a mí me obligaba a correr más rápido y más tiempo sin excepciones ni compasión.
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En el Chelsea está descubriendo que tiene madera de capitán.
Uno de nuestros entrenadores, Steve Clarke, decide quién tiene que dar la última charla antes de salir al campo y prefiere que yo de la de los partidos grandes, antes de un Manchester United o un Barcelona. Digo un montón de palabrotas, pero algunas sugerencias tácticas también. Me gusta ese rol.



