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Autor de uno de los goles más bellos de la historia

Corría el minuto 76 del partido entre el Ajax y el Breda, cuando Ibrahimovic controló el balón e inició un eslalom de 32 metros. Completó siete regates, algunos de ellos amagos excepcionales que rompieron la cintura de sus enemigos. El último se lo dedicó al portero. Y luego, marcó.

Corría el minuto 76 del partido entre el Ajax y el Breda, cuando Ibrahimovic controló el balón e inició un eslalom de 32 metros.
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M itad bailarina, mitad gángster". Tal vez sea esa la mejor definición de Ibrahimovic y la que describe de forma más precisa el más fabuloso de sus goles (y los hay muy buenos), el que logró el 22 de agosto de 2004 en Liga contra el NAC Breda (6-2 final), en su última temporada en el Ajax.

Aquella tarde, en el Amsterdam Arena y ante 49.124 espectadores, ni un privilegiado más, corría el minuto 76 de partido cuando Ibrahimovic controló el balón a 32 metros de la portería e inició un eslalom de 10,352 segundos en el que repitió curvas y burló enemigos (a uno en tres ocasiones) hasta completar siete regates y marcar uno de los goles de 'elaboración propia' más bellos que se recuerdan. Salvando los rivales y la competición, un tanto a la altura técnica del que logró Maradona contra Inglaterra en el Mundial 86 (cuatro regates y 9,226 segundos, aunque partió desde su propio campo). Y muy parecido al de Ronaldo al Compostela en 1996 (cuatro regates y 9,406 segundos, también arrancando desde el medio campo).

Después de aquella obra de arte, el locutor que narraba el partido para la televisión holandesa sólo acertó a balbucear: "¡Maradona...! ¡Zidane...! ¡Ibrahimovic!". Fue mucho más poético el escritor sueco Björk Ranelid: "Intenta movimientos que no existen en el mundo material y los ejecuta como improvisaciones de jazz sobre el césped". Las imágenes del gol dieron la vuelta al mundo y el genio se explicó de forma escueta ante los periodistas: "No planeo nada, simplemente me viene". No le gustan mucho los periodistas. En una ocasión, tras un partido muy bronco, uno le preguntó por el origen de sus arañazos en la cara y el delantero respondió: "Pregúntale a tu mujer".

Más joyas.

Años después fue más locuaz para relatar su regate a Henchoz, jugador del Liverpool: "Me fui para la izquierda y él se vino detrás de mí. Me fui para la derecha y me volvió a seguir. Pero me volví a ir por la izquierda y él se fue a comer un perrito caliente".

Pero la magia de Ibrahimovic no se agotó en el Ajax. Con la selección sueca logró en la pasada Eurocopa un gol de espuela en las mismas narices de Buffon, y la expresión es literal porque su salto fue digno de Santillana. El remate parecía imposible, pero el balón entró por la escuadra.

En la Juve ha seguido recopilando jugadas de museo, golpeos exquisitos, pases de rabona y controles inverosímiles, como aquel balón que bajaba con nieve y que, con el exterior del pie izquierdo, transformó en un autopase que le liberó de los defensas de la Roma para hacer un gol extraordinario, culminado con un cañonazo.

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Su eclosión como primera figura mundial se veía venir. En 2002, Hernán Crespo aseguró que era el mejor delantero contra el que había jugado: "Llegará a ser de los mejores del mundo, tiene enormes cualidades". "Es un fantasma que puede convertirse en un carnicero", advirtió La Gazzetta dello Sport ese mismo año, antes de un partido contra el Inter.

Más recientemente, el pasado diciembre, su compatriota Eriksson también le dio su bendición: "Si sigue como hasta ahora, será sin duda el mejor futbolista del mundo". El seleccionador inglés estaba serio: acababa de conocer que Suecia sería rival de su equipo en el grupo de clasificación del Mundial. El pasado viernes los españoles también supimos que los suecos serán nuestros enemigos camino de la Eurocopa 2008. Otra vez Ibrahimovic.

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