"Qué pena de partido..."
En 1966, el Real Betis Balompié, recién descendido a Segunda División, eliminó de los cuartos de final de la Copa del Generalísimo al Real Madrid "ye-yé", flamante hexacampeón de Europa ante el Partizán de Belgrado. Jesús Landa, verdugo del Real Madrid en 1966, volvió al Bernabéu con AS.


El 3 de abril de 1966, Domingo de Ramos, el vestuario del Betis vivía un via crucis en La Rosaleda, en Málaga. Un gol del malaguista Otiñano, en el minuto 91, había enviado a Segunda a un finísimo equipo verdiblanco, con jugadores del calibre de Quino, Rogelio, Eusebio Ríos, Antón, Fernando Ansola... o Jesús Landa.
Fatalismo y maldición gitana: el Betis, entrenado por Ernesto Pons, se fue a Segunda como último clasificado de la Liga... y de un grupo de seis equipos en un pañuelo de un solo punto, entre 23 y 24. Ganando al Málaga, el Betis ni habría promocionado. Ese partido de La Rosaleda y la misma salvación estuvieron en las manos del Betis hasta el gol de Otiñano, que igualaba y anulaba el 0-1: Ansola, 22 minutos.
"Todos llorábamos, de rabia o de pena, pero lo que más me impresionó a mí fueron las lágrimas de Eusebio Ríos, que era nuestro capitán, tendido en el vestuario, y golpeando el suelo con los puños. Que Eusebio llorase así, después de cómo había protestado el gol de Otiñano al árbitro, Plaza, nos dejó a todos aturdidos", recuerda hoy Jesús Landa: en las gradas del Santiago Bernabéu. El Bernabéu, Landa...
Manos mágicas. Con el ánimo roto, Landa encontró el consuelo de Vicente Montiel, Manos Mágicas, el masajista que vio crecer en el Betis a Luis del Sol, Rogelio, Quino y a Luis Aragonés Suárez. Josemari Montiel, el hijo de Vicente, es hoy quinesiólogo del actual equipo bético. Otra vida.
"Vicente era muy religioso, me tenía mucho afecto, y cuando me vio tan mal, en el autobús de vuelta a Sevilla, me dijo: 'Jesús, no estés triste. Esta adversidad es un mensaje que nos manda Dios para hacernos más fuertes y superar los problemas que vengan en la vida'. Yo no me lo quería creer, pero después he recordado muchas veces esa frase: porque siempre he tenido que superar problemas y sufrimientos como aquél", analiza Landa, hoy un alto ejecutivo de IFF, empresa dedicada a la producción de fragancias de perfumería.
Un mes y medio después de aquel drama de La Rosaleda, el descendido Betis eliminó de los cuartos de la Copa del Generalísimo (3-2, 2-2) al Real Madrid ye-yé, que acababa de firmar la sexta Copa de Europa en Bruselas ante el Partizán.
El 15 de mayo de 1966, en el Bernabéu, dos goles de Landa, el último en el minuto 149, tras cuatro prórrogas, resucitaron la emoción de los béticos. Ante un Madrid exhausto ("esto ha sido inhumano", dijo Miguel Muñoz), el Betis pasó adelante tras un maratón de partido, una hazaña de leyenda. Luego, cayó en semifinales ante el Atlético de Bilbao (1-1, 1-4).
Y ayer, Landa, el hombre que meció la ilusión y la esperanza de aquel Betis destrozado en La Rosaleda y renacido en La Castellana, volvió al Bernabéu, con AS. Otro cuarto de final de Copa: 40 años después. De nuevo, de verde, blanco y negro, Real Betis Balompié: pero éste es otro Betis, no el del 66. Un Betis complaciente, ensimismado. Sin pasión y sin lágrimas.
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Joaquín, Capi y Dani no son Joaquín Sierra, Quino, Rogelio Sosa Ramírez, caoba pura, ni Jesús Landa. Quizá se trata de una historia demasiado hermosa para sobreponerse a ella. Quizá hubieran hecho falta Ignacio Sánchez Mejías o Benito Villamarín en el palco del Bernabéu. Y en la hierba, la hierba verde, ellos: Quino. Rogelio. Del Sol. Eusebio Ríos. O Gordillo. De verde, blanco y negro.
"Qué pena de partido se nos está yendo", musitaba Landa en su abono del primer anfiteatro madridista. Pena de futbolista eterno que, cuando pasea, lo hace por senderos donde pueda oler la hierba. Pena de Betis complaciente. Si Manos Mágicas lo viera...



