Al Madrid le tocó el gordo
Cassano marcó a los tres minutos de salir. El Betis, que acabó desquiciado, reclamó falta del italiano. Los blancos encarrilan la eliminatoria

Es casi imposible ser puntual a las expectativas de los demás, siempre se nos adelantan. En la vida, en el fútbol, donde quieran. Es muy raro el futbolista que cumple el presagio de una portada o una entrevista y no es frecuente encontrar a quien responda a las miradas cuando todas se concentran en su persona. Lo hizo Ronaldo en su debut, cuando consiguió dos goles, y eso nos hizo ver al tiempo su categoría y su ángel. Y, personalmente, no lo había vuelto a ver hasta ayer, hasta que Cassano saltó al césped.
Por supuesto, no pretendo comparar talentos (muy lejanos), sino destacar la coincidencia, la aparición de la buena estrella en el momento preciso. Además, los estilos de ambos en sus respectivos estrenos han sido muy diferentes. Mientras Ronaldo surgió flamígero y celestial, Cassano se ha desperezado como un oso panda tras la hibernación. Su debut, más que un acontecimiento mundial, era poco más que una anécdota, quizá un chascarrillo. Porque si a Ronaldo se le observaba esperándolo todo, al italiano se le escudriñaba sin esperar casi nada.
El italiano entró al campo en el minuto 61, en sustitución de Soldado, muy gris, harto de saltar en busca de balones que nunca llegaban a su cabeza. Cassano, que había estado bromeando en el banquillo, se incorporó al juego sin tensión aparente y con el pantalón apretado, todavía de buen año.
Y fue a los tres minutos de entrar en escena cuando llegó su momento. Guti botó una falta desde la izquierda y mientras la pelota volaba, Cassano aprovechó para rozar con su hombro al portero, como quien no quiere la cosa y como quien pasa por allí. Desequilibrado o no por ese toque, Doblas falló en el despeje y, tras rebotar en Sergio Ramos, el balón se encaminó manso hasta los pies de Cassano, que marcó a placer. Su manera de festejarlo, que es la foto que nos quedará, fue entusiasta y propia de un gol importante, porque lo era. Por cierto, Ronaldo tardó lo mismo en marcar su primer tanto como madridista.
Las siguientes intervenciones de Cassano fueron notables, aunque no descarto que ya estuvieran marcadas por la sugestión de su genialidad. Recuerdo un movimiento muy elegante en el centro del campo y una apertura con acierto al extremo de Robinho. También, ya acabado el choque, su forma de zafarse de un sonriente periodista. Pero ya no le hacía falta más. La puntualidad es, en este caso, una virtud que exime de otros méritos. Y suficiente para tumbar a un Betis que había hecho méritos para empatar y se desquició desde entonces. Hasta un señor con aspecto honorable y pantalón de pana conjuntado con la rebeca saltó al campo para recriminar a un juez de línea.
El guión. Visto ahora con perspectiva, el partido, después de muchas peripecias, respondió al guión que planteó en los primeros minutos, con el Madrid dominador, triangulando bien, abierto, con Guti de cerebro y diadema. Resulta evidente que al capitán le gusta el brazalete, que se siente guapo con él, y el asunto no es menor porque el canterano viste a la moda y porque hay futbolistas a los que un brazalete, y no digamos un diez en la espalda, les aplasta, incapaces de soportar la responsabilidad de ser el jefe o el genio.
En esos primeros instantes, el equipo no parecía acusar los cambios, abundantes, porque además del regreso de Soldado, el entrenador había sorprendido alineando a Diogo como interior derecho, por delante de Cicinho, que salió de chiqueros muy incisivo.
Sin embargo, esa deriva que inclinaba el encuentro en favor del Madrid se detuvo a los 13 minutos, cuando Dani se sacó de la manga un disparo a media vuelta que parecía demasiado lejano pero que resultó peligroso porque iba cargado de gafe. Cumplido el primer despeje, Diego López intentó evitar el córner y fue en ese escorzo cuando se lesionó. Desesperado por su mala suerte, el dorsal 13 (nótese el dígito) abandonó poco después el campo. Ante un infortunio semejante sólo se puede decir que aunque no seamos supersticiosos, es recomendable no provocar y no colgarse gatos negros en la espalda. Casillas, que es hijo de la buena suerte (guapo y con miss) se puso bajo palos, que en su caso son maderas.
Todo el incidente despistó al Madrid al tiempo que dio protagonismo a Dani, que es como una descarga eléctrica capaz de rizar el pelo de los defensas más lacios. Con impulsos así el Betis equilibró el choque, compensando con pasión la superioridad técnica de su enemigo. En el capítulo de los impulsos también hay que reseñar un ramalazo de Tardelli que estuvo cerca de ser gol. Lástima que el chico sea sólo, de momento, un puro ramalazo.
Pese a esa aparente igualdad, Soldado estuvo cerca de sorprender a Doblas al rematar de espuela un buen pase de Cicinho y casi de inmediato Guti mandó al limbo un balón que Robinho había metido en la caldera del área.
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El momento. Pero no fue hasta el final de la primera parte cuando el encuentro dio la impresión de escorarse de nuevo, y otra vez en favor del Madrid. Los indicios, bastante claros, los dio concretamente Doblas. El portero bético, bendecido por las musas la pasada temporada, debió agotar entonces toda su inspiración porque ayer salió de puños como el Superhéroe Americano, aquel supermán de oficina que no atinaba en los despegues y se estampaba en los aterrizajes. En la jugada a la que me refiero falló un primer despeje y en el segundo rechace estuvo a punto de trepanar la cabeza de Baptista, que es un santo porque ni se enfadó ni presentó denuncia en comisaría. No fue gol, pero nos descubrió que Doblas no tenía su noche. Tal vez esos temblorosos antecedentes del portero expliquen mejor su error fatal en la acción que concluyó con el gol de Cassano.
El Betis reclamó penaltis por manos de Ramos y Gravesen en diferentes jugadas (no muy claras), y también pidió pena máxima por una llave de judo del danés a Juanito, evidente y descarada. Pero sus jugadores se estrellaban contra algo más grande que el árbitro, seguramente contra su propia impotencia (mal Joaquín) y quizá contra esa histórica alianza entre la calidad y la fortuna. Además, no era su día, era el de Cassano. Y es difícil luchar contra el destino si te fallan los puños.



