Riki-Güiza, de paracaídas
El Celta mete miedo con Baiano, Silva y Cannobio

Dos no pelean si uno no quiere, pero hoy habrá tortas, seguro. Getafe y Celta son dos de esos equipos que van para delante y quieren pelea, así que esta tarde el Coliséum huele a espectáculo y a intercambio de golpes. A veces las expectativas de ataque se convierten en bodrio, mas de entrada, los Güiza, Riki, Baiano, Silva, Gavilán o Canobbio invitan a ser optimistas y a pensar que nadie se aburrirá esta tarde.
El margen de error se le acaba al Getafe, que ha pasado del liderato a la mediocridad en los resultados en poco tiempo. Schuster ha avisado que vienen dos finales en casa y no le falta razón. Celta y Espanyol van a calibrar el estado de los azulones justo en el intermedio del campeonato. Dos triunfos darían para pensar que la faena de la permanencia está finiquitada, pero dos derrotas abrirían de par en par las puertas al miedo que esta temporada ni se había asomado por el Coliséum. Así que el alemán no varía la apuesta, juega con los más habituales y confía en que esos malditos detalles (penaltis al aire, balón al larguero, resbalón inoportuno...) se pongan otra vez de su parte y la de su equipo. No pide un jardín, sino esa flor que en Barcelona dijo no conocer.
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Riki es el mejor aliado para recuperar la suerte perdida. El de Aranjuez está mejor que nunca: fino, potente y también con gol, que es algo que se le echó una vez en cara. Junto a él aparece un Güiza que se ha ido recuperando y al que en Montjuïc sólo le faltó marcar, y no porque no lo mereciera. Si añadimos al mejor toro blanco, Calatayud en ascenso y que vuelve la defensa titular, hay motivos más que evidentes para el optimismo y para pensar que llegará la primera victoria del año.
Claro que eso supondría superar a un Celta que no ha perdido en 2006. Y que viene con Silva, que llegó a pasar reconocimiento en Getafe antes de firmar como celeste. Y con Baiano, que tiene hambre. Y con Canobbio, que también estuvo en la agenda azulona. Y con un Núñez que vuelve a Madrid y Oubiña que será espiado desde la casa blanca. En fin, un equipazo que va de cara. Si añadimos las ganas de revancha de dos caídos en Copa, todos los ingredientes están servidos.




