Bianchi se marcha sin perdonar ni un euro
La derrota ante el Zaragoza fue el detonante. La afición explotó y el Consejo de Administración le indicó a Bianchi que había perdido la fe en él. El club intentó que renunciara a parte de los seis millones que tenía firmados, pero no cedió. Murcia, que dirigía el filial, se hace cargo del equipo.


Carlos Bianchi dejó ayer oficialmente de ser entrenador del Atlético. Enrique Cerezo se lo comunicó a los medios a las 13:50 horas en una rueda de prensa celebrada en el Vicente Calderón. El mal partido ante el Zaragoza fue el detonante de la destitución del técnico. Ya en la misma noche del miércoles, en la reunión posterior al encuentro, se le comunicó a Bianchi que dejaba el equipo. Ambas partes quedaron para la mañana de ayer, donde se empezaron a negociar las condiciones del finiquito.
Bianchi tenía dos años de contrato con la entidad del Manzanares y el entrenador se negó a perdonar ni un euro de las cantidades estipuladas, que alcanzan un montante total de seis millones brutos. El Atlético intentó pagarle esta temporada y alrededor del cuarenta por ciento de la próxima, pero el técnico se mostró inflexible y el club cedió ya por la noche, tras una larga reunión con Vicente Montes, abogado de Futre, que lleva los asuntos económicos de Carlos Bianchi. Eso sí, el técnico facilitará los plazos de pago al Atlético.
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El relevo. Pepe Murcia, entrenador del filial, se hace cargo del equipo. Si el Atlético gana y endereza el rumbo, seguirá hasta final de Liga. De lo contrario se buscará una alternativa. El problema es que no se quiere traer un entrenador para cinco meses teniendo ya apalabrado a Javier Aguirre.
El Consejo de Administración del Atlético le comentó a Bianchi que había perdido su confianza en él y que el equipo había tocado fondo frente al Zaragoza. Ya no contaba con ningún apoyo en el consejo. Le indicaron que la presión de la grada se hacía ya insoportable y que tampoco estaban contentos con la manera de dirigir el equipo. Se le indicó que apenas hacía cambios para intentar encauzar el rumbo del equipo.



