Valerón ya tiene socio
Su conexión con Arizmendi, lo mejor de un feo día


Es una pena que en una eliminatoria resuelta en el partido de ida, 3-0 en Riazor, y sin amagos de remontada, termine en una guerra de guerrilas en la que se vieron involucrados jugadores, técnicos, árbitros y público. Los primeros en desentonar fueron los futbolistas, con duras entradas. Primero se fue Víctor, que acto seguido de marcar el penalti que sentenciaba todavía más la eliminatoria, recibió una durísima entrada. Minutos después Munitis, algo atípico en él, realizó un escalofriante plantillazo que lesionó, y tiene muy mala pinta el esguince, a Delporte. Hoy, a buen seguro que el bueno de Pedro se arrepentirá de ello.
Aguirre, en vez de serenar, se sumó al desatino general y provocó su expulsión, lo que enervó a la grada. Poco después el árbitro asistente recibió un impacto en la cabeza de un objeto desde la grada, aunque pudo continuar sobre el campo. La absurda noche la completó Rubinos inventándose un penalti, que el público pidió a Muñoz que no lanzase.
Y eso que el partido empezó siguiendo el guión clásico. Osasuna tuvo los primeros quince minutos, los de siempre, a su merced al Deportivo. Lo curioso es que no sólo mordieron y presionaron, también jugaron al fútbol. Los suplentes de Aguirre, comandados por Muñoz, Ortiz y Delporte, llegaban por las dos bandas, desde las que sacaban excelentes centros que echaban de menos a Milosevic, Webó y Moha. Pólvora sin mecha.
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Lo mejor para el Depor, más bien para su futuro, empezó cuando el equipo comenzó a salir. Parece que la calidad de Valerón ha encontrado un socio en Arizmendi. El delantero madrileño se ofrecía para jugar de espaldas a la defensa, caía a la banda derecha en busca de balones en profundidad y entraba por el centro cortando a los centrales con velocidad. La conexión funcionaba y sólo faltó la guinda, pero Arizmendi se topó con el palo en una jugada que recordó a una conexión entre el Flaco y Makaay en la histórica victoria ante el Bayern en el Olímpico.
El descanso debió de fundir los plomos a más de uno, porque el segundo tiempo fue un absurdo total, sobre todo después del gol de Víctor que sentenciaba definitivamente la eliminatoria. Ahí es cuando empezaron las patadas, expulsiones, golpes, objetos desde la grada, un penalti inventado, etc.. De toda la marejada el Osasuna sacó una victoria en el último minuto que le sirve para despedirse con dignidad del subcampeonato de Copa que ostenta. Ahora el que buscará la final, y con más ahínco que nunca, será el Deportivo. El club solicitó ayer de forma oficial la organización de la final de esta edición de la Copa del rey. Una buena noticia para el Centenario. Ahora sólo falta llegar a la final y que la Federación no se arrugue.



