Combate nulo en El Madrigal
Buen partido y justo reparto de puntos. Ronaldo se lesionó en la primera mitad. Riquelme, muy intermitente. Baptista y Forlán, desacertados.

Fue un buen partido, mejor en la primera parte, cuando los jugadores todavía tenían fuerzas, luego decayó en vistosidad pero mantuvo la emoción, hasta el punto de que hubiera sido hermosa una prórroga agonizante de medias caídas y gemelos contracturados, una ruleta rusa que nos señalara a un ganador o a un superviviente. Pero hay empates recalcitrantes. Inabordables. Igualadas que no resuelve ni la fotofinish, seguramente porque nos indican que los enemigos tenían exactamente la misma talla. Y creo que en ese preciso punto de la tabla métrica se encontraron ayer el Villarreal y el Madrid, en su tono habitual el primero y bastante mejorado el segundo, notables ambos.
Tutear al Villarreal en su estadio y tener claras ocasiones para vencer es una buena noticia para los madridistas, si pasamos por alto que la diferencia con el Barcelona se amplía hasta los 13 puntos. Pero bien haría el Madrid en olvidarse de ese galgo y centrarse en objetivos más inmediatos: consolidarse como bloque y desde esa fortaleza esperar la llegada de ese Séptimo de Caballería que es el talento. Sólo así se podrá seguir la estela de Osasuna, Valencia y Deportivo, ahora mismo en los puestos de Champions.
De momento, va por el buen camino y el responsable principal de la rehabilitación es López Caro, que ha aportado orden y sentido común, al tiempo que ha intensificado los entrenamientos. Eso ha transformado la fisonomía del equipo, que no sólo se despliega sobre el campo de forma racional, sino que ya luce algunas novedades tácticas: presión y defensa más adelantada. Por no hablar de la evidente recuperación física de los jugadores, asunto del que se ha beneficiado especialmente Zidane y que permitió a los blancos disparar las últimas balas del partido.
Para el Villarreal tampoco es mala noticia equipararse al nuevo Real Madrid, aunque después de trece partidos siga sin ganar a los blancos. El equipo de Pellegrini dio la imagen esperada y si algo se echó en falta fue un poco más de Riquelme. Él es la diferencia entre el notable y el sobresaliente. Y si bien es cierto que la mejor ocasión local estuvo en sus botas, no es menos cierto que desapareció durante buena parte del encuentro, los genios son gente distraída. Tampoco ayudó mucho a mejorar la nota del equipo el rendimiento de Forlán, no debe ser fácil jugar con una bota de oro.
El partido comenzó movidito. Primero con la sorpresa de la alineación de Woodgate, al que creíamos todavía en proceso de resurrección. Supongo que hasta en eso se adquiere una cierta práctica. No jugó mal, aunque tal vez la mejor virtud del inglés sea pasar inadvertido, no dar sustos. No es poca cosa para un defensa ofrecer seguridad y creo que en eso sí supera a Pavón.
Iniciativa.
La segunda novedad era que el Madrid salía al campo serio como un guardia y dominador, como debería comportarse siempre salvo inesperados cataclismos. Helguera actuaba como un central avanzado y Zidane era quien más contribuía al dinamismo del equipo. Suya fue la primera oportunidad, al limbo por querer controlar con el pecho un balón que pedía ser cabeceado con rabia, sin más trámite.
Bastaban esos primeros minutos de asedio madridista para confirmar que ni Robinho ni Baptista se han adaptado todavía al equipo, a la ciudad o a los callos a la madrileña. La Bestia desperdiciaba un par de sugerentes ocasiones y Robinho, por lo menos muy activo, se estrellaba repetidamente contra los defensas contrarios. De este último sólo cabe reseñar su habitual internada de fuera a dentro que concluyó, como suele, con un chutazo alto.
El primer rugido del Villarreal lo dio Riquelme y la oportunidad ya está mencionada: Román se instaló en la frontal del área de Casillas y amagó cuantas veces quiso hasta escoger al compañero apropiado, que si Sorín que si Forlán. Como no había pase posible se hizo hueco para lanzar un disparo con rosca que rozó el palo de Iker.
Con el choque más igualado, llegó la lesión de Ronaldo, fulminado por un pinchazo en el gemelo de su pierna derecha, el mismo músculo que se lesionó el pasado 29 de diciembre. Preocupante recaída que hay quien atribuye precisamente a la intensidad con la que plantea los entrenamientos el nuevo técnico y hay quien achaca a la mera casualidad.
Por cierto, si algo cabe reprochar a López Caro es su resistencia a apostar por Soldado incluso en los instantes en que resulta más lógico. Por ejemplo, ayer. En lugar de reemplazar a Ronie por el único nueve disponible en el banquillo, el entrenador decidió colocar de ariete a Baptista (lo que aumenta su desconcierto, creo) y dar entrada a Cicinho. Fue un movimiento que alteró casi por completo el planteamiento inicial; positivo, porque liberó a Zidane de la banda y lo hizo más protagonista, y negativo porque la aportación de Baptista como delantero centro fue más bien nula.
Estreno gris.
Por lo que se refiere al debutante Cicinho, lo mejor se concentró en su primera carrera, eléctrica y explosiva, que culminó con un centro no muy lucido y sin destinatario definido. No repitió muchas más incursiones, al contrario, se empeñó más en las diagonales que en las paralelas, pero su simple presencia por la banda derecha (Robinho por la izquierda) hace más estable el sistema. Debe ser que nos ha caído bien.
En la segunda mitad, pareció mejorar el Villarreal y dominó el encuentro durante casi media hora. Forlán, varias veces, y Gonzalo, de media volea, gozaron de las mejores ocasiones locales, las últimas, porque sus futbolistas estaban agotados a falta de un cuarto de hora. Le faltó decisión a Pellegrini para dar entrada a Lucho Figueroa. En el filo del minuto 75 la igualdad era total: ambos equipos habían disparado a portería once veces y empataban a sustos.
El Madrid, sin embargo, todavía tenía resuello, y la entrada de Soldado (por Robinho) lo reactivó todavía más. El canterano rozó el gol en un barullo en el que los amarillos reclamaron fuera de juego. Hasta Gravesen, que relevó a Helguera, dio la impresión de otorgar poderío al equipo.
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Pero nada cambió, supongo que porque estaba escrito y porque el destino estaba aliado con la defensa del Villarreal, especialmente con Gonzalo, un central imponente de sólo 21 años.
Hay empates que dignifican y que no restan puntos, sino que los suman. Eso es lo que se llevan Villarreal y Madrid, rivales directos para los puestos de Champions y supervivientes con esperanzas de seguirlo siendo en esa misma competición. La cuestión es saber si sus respectivas plantillas resistirán más de un objetivo esta temporada. Personalmente, no lo veo claro.



