Del golazo al Inter al idilio con Totti
Cassano se ganó la gloria con un gol 'maradoniano' ante el Inter en 1999. Desde ese momento se convirtió en gran objetivo de los mejores equipos de Italia y convenció al seleccionador nacional. Los elogios le llovían. Sin embargo, sus continuas 'cassanatas' frenaban su progresión.


Bari-Inter, 18 de diciembre de 1999 en el San Nicola. Cassano-Enyinnaya forman la delantera del Bari de Fascetti, dos críos en busca de la fama. Enyinnaya marca un golazo desde fuera del área, empata Vieri y, a tres minutos del final, Cassano deja boquiabierta a toda Europa con una obra de arte. Recibe un balón en su campo, se da un autopase de espuela que deja atrás a Blanc, se marcha como una centella hacia el área, dribla en carrera a Panucci y bate a Ferrón con un disparo cruzado. Un gol maradoniano que Cassano festeja como se merece durante un par de minutos que parecen horas. El árbitro Braschi le saca amarilla, pero a Cassano le da lo mismo en plena borrachera de felicidad. El partido termina y Cassano se marcha abrazado por todos. Había nacido una estrella.
La prensa le compara con Roberto Baggio, y el gran Sandro Mazzola publica en Guerin Sportivo un artículo en el que asegura que "a los defensores del Inter Cassano les leyó una poesía". Cassano le respondería declarándose interista, aunque no por él sino por los tres alemanes de finales de los 90. Ese gol marcaría su carrera, porque seguía como indiscutible en el Bari y los grandes de Italia empezaron a acercarse. El Inter, la Juventus a través de Luciano Moggi, y, por supuesto, la Roma.
Elogios.
Cassano siempre había sido un gran admirador de Francesco Totti. "¿Totti?, pienso más en él que en los libros, sólo tengo la cabeza en el fútbol", declaró Cassano días después de su exhibición. En realidad había dejado los estudios casi antes de empezarlos, cuando su necesidad de pasarse el día jugando al fútbol fue definitiva. Totti recibió el mensaje y le dio su camiseta después de un Roma-Bari. Totti no pudo jugarlo por sanción, pero esperó al final en el túnel de vestuarios y le dio el trofeo. Quizá ahí empezó el idilio de Cassano con la Roma.
Lo cierto es que los elogios siguieron en toda Italia. El prestigioso Ivan Zazzaroni escribió en plena euforia "en realidad Cassano no tiene nada del primer Totti, ni del primer Baggio o Mancini. Los tres eran jugadores cautos, se medían mucho. Por energía y vitalidad Cassano me recuerda al primer Maradona, ansioso por comerse el mundo". Así se vivía en Italia la locura Cassano en la Navidad de 1999, faltaba ver si el chico superaba la presión.
Un año después del famoso gol al Inter, Cassano había jugado 21 partidos en el Bari, debutado con la Sub-21 italiana con dos tantos incluidos y renunciado ya a un traspaso al Manchester United. Ya había rodado un anuncio en televisión y cambiado su barrio de Bari Vecchia por Poggiofranco, la zona residencial de los pudientes de la ciudad. Todo con 18 años. Zambrotta y él tenían los días contados en el Bari, y poco a poco los pretendientes se redujeron a dos, Juventus y Roma. Al final, el efecto Totti pasó factura y Fantantonio firmó con la Roma por cinco temporadas, hasta mediados de 2006. Cuando dejó el Bari se le pidió a Fascetti una definición del niño prodigio. "Tiene la carrera de Giordano, la rapidez de ejecución de Totti, la elegancia de Gianni Rivera, la potencia de Vialli y el juego de tacón de Roberto Mancini". Esa perla se iba junto con su inseparable madre Giovanna a la conquista de Roma.
Primera Cassanata.
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Justo en aquella época Trappatoni ya empezaba a dar síntomas de seguirle para la selección, con el Mundial de Corea y Japón a sólo 12 meses. Pero llegaría una Cassanata que frenaría un poco la euforia azzurra. Cassano abandonó la concentración de la Sub-21 con la excusa de una misteriosa lesión. Suplente los 90 minutos ante Rumanía en Bucarest, Gentile le había prometido la titularidad contra Lituania por la sanción a Cipriani. Cassano no soportó la humillación y se fue. "Volverá a la selección porque no puedo renunciar a un jugador como él, pero debe tener más respeto por los compañeros", bramó Claudio Gentile. De sus Cassanatas en los últimos tiempos girará en parte el siguiente capítulo, pero esta fue la primera importante.
Nada más llegar a la Roma inició el idilio con Totti, que siempre le protegió. No era un momento fácil para triunfar en Roma, con el público más exigente que nunca tras el título de Liga la temporada anterior y Capello como constructor de todo. Una Roma triunfal, en la que tardó mucho en ganarse el puesto. Tuvo minutos en Champions en aquella derrota en el Olímpico ante el Madrid, pero no jugó ni un solo partido de Liga completo, y casi siempre empezó en el banquillo. Por supuesto la tensión con Capello crecía con detalles (mañana lo analizaremos en profundidad). Al menos marcó en la última jornada el gol al Torino que significó la segunda plaza tras la Juve y el acceso directo a la Champions. La temporada siguiente jugó algo más. Golazo al Ajax en Europa y escándalo con expulsión en la final de Copa ante el Milán, por ejemplo. Capello sabía cómo gestionar su talento, hasta que le dio los galones en la temporada 2003/04. La lesión de Montella le abrió el hueco y no decepcionó. Marcó 14 goles, fue el ídolo del equipo junto a Totti y llegó a la Eurocopa como pieza clave de la selección italiana. Cassano llegó a Portugal como una moto, fue titular ante Suecia y Bulgaria y marcó dos goles. Ante los búlgaros firmó otra de las imágenes de su carrera. Marcó el gol del triunfo en el último instante pero le cambió la cara cuando conoció el empate entre suecos y daneses que dejaba fuera a Italia. Lloró como un niño, unas lágrimas reveladoras de lo que pasaría más tarde. Capello dejó la Roma por la Juve y llegaron una serie de entrenadores con los que no tendría más que problemas.



