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El rebelde de Bari Vecchia

Antonio Cassano nació casi al mismo tiempo que Italia era campeona del Mundo en España. Creció en un barrio donde ni la policía se atreve a entrar y desarrolló su potencial en el equipo de sus sueños, el Bari. Con esa camiseta debutó en la serie A y allí comenzó su leyenda...

<b>CON EL BARI. </b>El equipo de su ciudad le dio la oportunidad de debutar en la serie A.
Julio Maldonado
Actualizado a

Desde hace un par de años el fútbol italiano acuñó el nuevo término de Cassanata. No es fácil de definir, pero sería algo así como acto de indisciplina y reacción poco inteligentes, producto de una mezcla de talento y rebeldía. Varios lo hacen, aunque el creador es Antonio Cassano. Todo magia con la pelota pero también cabeza loca. Los que le llaman el Gascoigne italiano esperan que algún día se convierta en el heredero de Totti, porque condiciones tiene. Su ascenso ha sido tan fulgurante como sus escándalos, pero como un día le definió Trappatoni, "un genio como él puede volverte loco en cinco minutos".

Como no podía ser de otro modo, las raíces de Antonio Cassano hay que buscarlas en las calles, lo que los argentinos llaman el potrero. Bari, Via San Bartolomeo cinco, en pleno barrio de Bari vecchia, allí donde ni la policía se atreve a meterse. En este lugar creció Cassano, que nació con los ecos del éxito. Su madre Giovanna Perrelli dio a luz sólo horas después de que Italia se proclamase campeona del mundo en el Bernabéu el 11 de julio de 1982. Con todo el país emocionado por los goles de Rossi, Tardelli y Altobelli y las inolvidables imágenes de Sandro Pertini rompiendo el protocolo del palco junto al Rey Don Juan Carlos. Un marco perfecto para nacer futbolista.

Dificultades.

Hijo único, la infancia de Antonio sería muy complicada, y quizá ahí empezó a forjarse su rebeldía. Su padre Gennaro se marchó poco después de dejar embarazada a Giovanna, y jamás se interesó por su hijo. Barrendero de profesión, bastante tuvo con escaparse de la policía por no pagar los impuestos. De Gennaro nunca más se supo, ni siquiera cuando su hijo se convirtió en un ídolo de toda Italia.

Bari Vecchia no era precisamente el sitio ideal para que un joven creciese a sus anchas, así que el fútbol era de las pocas distracciones. Ya entonces le llamaban Tonino, y su talento con el balón empezó a recorrer las calles de Bari. Jugaba con sus amigos en Piazza Ferrarese, un aparcamiento de coches que se convirtió en estadio improvisado. Allí jugaba Cassano de la mañana a la noche, hasta que Giovanna le venía a buscar con el plato de la cena en la mano. Era una época repleta de sueños junto a sus amigos Sergino y Nicola, justo antes de que apareciese su primer amor, Valentina.

A la vida dura de Bari Vecchia respondía Cassano con regates a la pelota. Para muchos en Bari existía un crío capaz de hacer hablar al balón, y a conocerle fue el presidente del Pro Inter Tonino Rana. "A los siete años era un auténtico fenómeno, le he visto dar 700 toques en el día. Se habla de un récord de 3.000". Para muchos era ya el Maradona de Bari, por el asombroso paralelismo entre los dos como niños prodigio. En realidad El Pelusa es uno de sus grandes ídolos, y por eso se hizo hincha del Nápoles, del cantante Gigi D'Alessio y siempre ha tenido gran relación con los futbolistas napolitanos Miccoli y Montella.

Primeros pasos.

Después de algunas pruebas en Fiorentina, Inter y Parma, con 10 años Cassano decidió no moverse de su Bari Vecchia y pasó al Pro Inter, donde demostró toda su personalidad. Con 14 años jugaba la final de un torneo juvenil con un tremendo dolor en el cuello cuando el entrenador amenazó con quitarle en el descanso. "¿A mí? Ni muerto me quita". En el segundo tiempo marcó cinco goles y su equipo arrasó. De su etapa en el Pro Inter se recuerda eso y cuando llamó tarugo a su entrenador, en quizá su primera "cassanata". De aquella etapa cuentan muchas locuras producto de su edad y personalidad. Un día disparó contra su propia portería para que su portero no se aburriese. En otra ocasión se frenó en un mano a mano ante el meta rival para preguntarle al técnico el lugar que prefería para el gol. Mil y un detalles de un rebelde sin fin, que no tardó en firmar por los juveniles del Bari.

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Con sólo 15 años ya estaba en el equipo de sus sueños. En la primera plantilla Eugenio Fascetti seguía con atención a aquel crío del acné que parecía no tener límite. Su paso por los equipos primavera fue fugaz, aunque dejó algunas perlas. En una final juvenil ante la Roma en Trigoria dio tal exhibición que el mismísimo Totti se interesó por él. "Ese chico es un terremoto", comentó en voz alta. Sin saberlo Totti era un ídolo para aquel crío que había vuelto loca a la Roma, y mucho menos se imaginaba que le tendría como compañero. Pero antes debutó en el Bari.

Fascetti aprovechó las lesiones de Spinesi, Osmanovski y Masinga para darle minutos en el primer equipo, con 16 años ante la Sampdoria. Seis meses más tarde le llegó la gran oportunidad, en un derby ante el Lecce el 11 de diciembre de 1999. El trabajo del director de fútbol base del Bari Leonardo Generoso había dado sus frutos, y Cassano estaba listo para la serie A. Perdió el Bari, pero Cassano marcó un golazo que le dio el apelativo de Fantantonio y le dejó en la titularidad. Ya nadie se la quitaría. Una semana más tarde el Inter llegaba al San Nicola con todas sus estrellas, con Vieri a la cabeza. Fascetti se la jugó con una delantera de críos, Cassano y Enninnaya. Lo que sucedió esa noche aceleraría más aún la gran carrera de Cassano y quedó como una de las gestas inolvidables de la serie A en los últimos años.

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