Sin tabaco
De momento, la ley antitabaco sólo afecta a los recintos deportivos cerrados, así que los fumadores aficionados al balonmano, baloncesto, voleibol y otras prácticas bajo techo tendrán que ir acostumbrándose a dejar el pitillito en los ceniceros de la entrada.
Los hay, sin embargo, que ya han avisado de que no piensan cumplir la normativa; los frontones no tendrán lugares habilitados para fumadores y hay muchos aficionados que consideran que el humo de los puros forma parte consustancial de los pelotazales, como lo son las copas, las apuestas y los propios pelotaris. A ver cómo termina la cosa.
Los estadios de fútbol, por ahora, parecen estar a salvo de esta Ley, son instalaciones al aire libre, así que no hay problema. Pero no le debe quedar demasiado tiempo a ese inconfundible aroma de los campos españoles; si en Anfield huele a "fish and chips", en fin, a pescado rebozado y a patatas con vinagre, en el Bernabéu huele a puro, de distintas clases y calidades, desde el habano a la breva.
No le debe quedar mucho, decíamos, porque ya en el estadio de San Siro han habilitado un espacio para fumadores, en los banquillos de la Liga japonesa no se permite fumar, en el mítico estadio escocés de Murrayfield, la casa de la selección escocesa de rugby, se ha prohibido terminantemente el consumo de tabaco y el próximo Mundial de Alemania será, como el anterior en Corea y Japón, un Mundial sin tabaco.
Existe una nueva conciencia social. Lo que antes era un placentero hábito, incluso distinguido y romántico, se ha convertido en un mal legal que la sociedad ni los gobernantes parecen dispuestos a consentir. Cómo han cambiado las cosas. La gente fuma desde hace seis siglos. Hubo tiempos en los que fue un placer, una costumbre arraigada y aceptada sin más por todos. Lo hacían Humphrey Bogart y Rita Hayworth. También Greta Garbo en las películas de Lubitch. Y Winston Churchill, un señor con nombre de cigarrillos americanos.
En el mundo del fútbol también los hubo, y los hay, que tuvieron el pitillo pegado a los labios durante años. El mismo Johan Cruyff, que apagaba los cigarritos del descanso en los tacos, y Luis Aragonés, David Ginola, Fabian Barthez, Ramón Mendoza, Paul Gascoigne, George Best, Javier Clemente (Reconoció fumar 25 pitillos durante un solo partido), Frank Rijkaard, Teddy Sheringham, Robert Prosinecki, Mágico González, Gianluca Vialli, Oswaldo Ardiles (dos cajetillas en sus tiempos en el Tottenham), el "Mono" Burgos (desde los diecisiete) o el propio Alfredo Di Stéfano.
Uno de los casos más famosos es el de Gigi Riva, uno de los mejores futbolistas italianos de la historia. El hombre se fumaba hasta la "pata de la mesa" y dicen que, cuando se lesionaba, lo único que temía es que le iban a quitar de fumar en el hospital, y eso que le partieron los dos peronés.
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Cuentan que una noche, antes de un partido importante, el entrenador del Cagliari entró en la habitación de Riva y encontró a medio equipo jugando al póker bajo una espesa boina de humo. El entrenador sólo "abrid la ventana" antes de irse. Al día siguiente, Riva y sus compañeros ganaron el partido.
Fumar perjudica la salud ¿Perjudicará la nueva Ley al mundo del deporte? De momento, en cuestiones publicitarias y de patrocinio, si. De hecho, ya no podemos escuchar eso de Pepe ¡Dame un purito! No estaría mal que lo cambiasen por Pepe ¡Dame un parchecito!



