La solución parece ser el diván

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Bianchi ha instalado su diván en Las Rozas. Su objetivo es morder el orgullo de sus hombres para que alguno dé un paso al frente. Ayer compareció en rueda de prensa con el resorte preparado, esperaba que alguien le preguntase por qué castiga a sus hombres a pasar las navidades sobre la fría estepa de Las Rozas. En Boca, el Virrey machacó a los suyos con largas concentraciones en la Casa Amarilla. Los barrotes que circundaban los campos de entrenamiento daban, si cabe, un ambiente más carcelario al retiro deportivo. La situación llegó a unos extremos que algún jugador xeneize afirmó que durante el año había dormido más veces en compañía de Martín Palermo que de su mujer. Hasta ahora, cada vez que se llevó de convivencia al equipo le ha dado resultado.
Si bien, es una medida muy impopular entre sus hombres. Evidentemente la situación no invita a que ningún jugador sostenga un careo con el técnico sobre los beneficios de no ver a su familia en estas fechas. En fútbol nunca se sabe cómo sientan estos retiros. ¿Recuerdan la concentración danesa casi de paquete de vacaciones de una agencia de viajes en la Eurocopa que ganaron en el 92? ¿O la de Bulgaria en el Mundial del 94, cuando acabaron cuartos, con imágenes del equipo en la piscina del hotel entre whiskys y cigarrillos? A fe que Bianchi, acostumbrado desde su etapa de repartidor de periódicos a levantarse a las seis de la mañana, tiene planes más estrictos para esta concentración que se alargará hasta el domingo. Mañana veremos si da resultados.



