"Nuestro empeño ahora es ganar un título juntos"
Los Milito quieren más, tras cumplir el sueño de su infancia


Acaba 2005, el año del reencuentro de los Milito, de Gabriel y de Diego, una saga argentina que aporta firmeza, carácter y goles al Real Zaragoza. Ambos llegaron de rebote, de dos benditos rebotes, pero se han juntado para cumplir un gran sueño, aquél que nació hace quince años cuando los dos comenzaban a jugar al fútbol en el Viejo Bueno, un club chico de Bernal, de las afueras de Buenos Aires. Diego saltó al Racing y Gaby al Independiente. Y de Avellaneda, cuando ya habían cuajado en figuras, hicieron las maletas para cruzar el Atlántico y recorrer el camino inverso de su abuelo Antonio, un pamplonés que emigró a Argentina con sus padres al poco de nacer. Y luego, todos al Zaragoza para hacer buena la frase que dos Milito son mejor que uno.
Los Milito son la séptima pareja de hermanos, la primera de extranjeros, en la historia del Real Zaragoza, tras los Chacártegui, los Gonzalvo -llegaron a jugar los tres de la famosa familia, pero sólo Julio y Mariano a la vez-, los Belló, los Lapetra, los Planas y los Tejero. Ésta es, sin embargo, la primera vez que el mayor de una dinastía de futbolistas llega al Zaragoza después que el pequeño. Gaby, el Mariscal, fichó en el verano de 2003, después de aquel controvertido reconocimiento médico con el Real Madrid, y Diego, el Príncipe, llegó el pasado 1 de septiembre, tras otro rebote de época: el descenso administrativo del Genoa.
"Hace menos de un año ni lo imaginábamos, porque era imposible que a Diego lo dejaran salir del Genoa. Lo contemplábamos como una posibilidad remota, como un sueño. Pero gracias a Dios se dio la oportunidad y aquí estamos juntos. Siempre le estaré agradecido al Zaragoza por el esfuerzo que hizo este verano con nosotros dos, con mi renovación y con el fichaje de mi hermano", explica Gaby.
Diego no tiene la soltura dialéctica de Gaby, ni acaso su determinación en la cancha, pero es un futbolista de una pieza, que ya empieza a llamar la atención en nuestro fútbol. El mayor de los Milito -ya Diegol para La Romareda- busca la red por el procedimiento de urgencia, sin oropeles. Su juego es generoso y eficaz: ya suma seis goles en la Liga, tras superar una sequía de siete jornadas sin marcar. Pasó hambre cuando el Zaragoza estaba en crisis y se ha llenado la barriga en este diciembre triunfal.
Noticias relacionadas
"Estar juntos -dice Diego- nos ayuda mucho a los dos. El fútbol profesional nos había separado, pero el Zaragoza nos ha dado la oportunidad de juntarnos otra vez. Y es algo que nunca olvidaré. Todo ha sido más fácil para mí con mi hermano. El sueño que teníamos de chicos se ha hecho realidad".
Y en el final de 2005, otro deseo compartido para 2006 o para el futuro inmediato: ganar un título con el Zaragoza. "Nuestro empeño ahora es ganar un título juntos. Ojalá que sea la Copa del Rey. El Zaragoza es un club ganador. Lo ha demostrado", dicen al unísono los dos Milito.



