Nikolau, Nikolau
Sabíamos que se había producido un error, pero el reconocimiento de ese error que nos privó de celebrar unos Juegos Olímpicos nos deja de piedra. "Tendríamos que haber celebrado otra votación", declara hoy a la BBC el israelí Alex Gilady. A buenas horas.
Un voto para París que debería haber contado para Madrid nos dejó fuera. Pues qué gracia. Y qué miedo; sólo el hecho de pensar que un proyecto de semejante envergadura se puede venir abajo por un despiste, por el tembleque de una mano, causa pavor.
El título de aquel relato de Jorge Valdano, "Creo vieja que tu hijo la cagó", viene al pelo para describir este asunto. Efectivamente, Lambis Nikolau, el delegado griego, la cagó. Y mira que nos indignamos con Alberto de Mónaco.
Lo recordó Samaranch tras la votación celebrada en Singapur el pasado mes de julio. Nos faltaron dos votos. Alguien que no votó como se esperaba y la equivocación de Nikolau, un voto que todos daban por seguro. Entonces, nadie quiso darle importancia al error, a pesar de la denuncia del comité español. Hoy reconocen, desde el propio COI, que resultó capital para que Londres se hiciera con la victoria.
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Qué pena. Madrid 2012 era un proyecto sólido y bonito, una candidatura seria y viable que, para variar, contó con el apoyo unánime de todos los ámbitos políticos y sociales del país; todavía se acuerda uno de Zapatero, Aguirre y Rajoy defendiendo la misma postura, vestidos con la camiseta del mismo equipo. Fueron bonitos aquellos días en Singapur.
Nos habíamos ilusionado mucho. Había sin duda posibilidades. El plan diseñado por Gallardón, Cobo y Mayoral, el cerebro del proyecto, tenía fuerza y pinta de ganador. Era la mejor candidatura. El castigo de la derrota fue muy duro y las noticias que nos llegan hoy no nos consuelan. Más bien al contrario.



