Una anécdota con Torres le hizo atlético


Antes que portero, Roberto Jiménez (Madrid, 1986) lo intentó con el judo y con el fútbol desde la zaga, pero lo suyo nunca fueron las patadas. Su padre trató de encaminarle ("Tú, delantero, ¡esos ganan millones!, los porteros sólo reciben pelotazos"), pero no hubo modo. Un día estaba en el equipo de su barrio, en Fuenlabrada, y allá aparecieron el Niño, muy niño entonces, y el entrenador del Infantil rojiblanco. Torres quería que vieran a un amigo suyo, pero se quedaron a Roberto: tenía 10 años. Internacional, pinta aspas en un calendario en cada viaje con la Selección. Le quedan dos: la Sub-21 y la Selección a secas. Llegará. En verano jugó el Mundial Sub-20. Hace un año era Juvenil, ahora es titular del Aviación y habitual del B. Es muy alto (1,93), con piernas de gacela y ojos que leen intenciones: saca manos inverosímiles y detiene pelotazos que la grada canta como goles. Es un crack, simplemente.



