"No me importan mis goles, sino el equipo"
Diego admite que no está en sus mejores días, pero espera progresar al paso del equipo. Confía tanto en recuperarse que doce goles le parecen pocos. El Príncipe quiere más.

Se aproxima un partido decisivo para que el Zaragoza abandone de una vez la crisis que le ha afectado en las últimas semanas. ¿Cómo lo ve?
Claro, el domingo jugamos un partido importantísimo, que nos puede dar un gran empujón anímico y la posibilidad de mejorar nuestra posición en la tabla. Sabemos el significado que tiene el choque con el Celta y por eso nos lo vamos a tomar como una verdadera final. Ojalá podamos sumar el resultado que deseamos.
Después de las dos victorias de la semana pasada, especialmente la de Cádiz, sería la guinda a esta promesa de recuperación del equipo.
Hace tiempo que venimos diciendo que la crisis quedaría resuelta en cuanto sumáramos dos victorias consecutivas. Bueno, pues la primera fue la de Cádiz y este domingo debe llegar la segunda. En casa y ante nuestra afición es lo que toca. Tenemos que darle una alegría a la gente de La Romareda, se la debemos.
¿Le afectan los comentarios, la ansiedad por sus goles? ¿Cómo se encuentra de forma y en el plano anímico?
Yo estoy bien. La verdad, muy tranquilo. Y muy feliz por la victoria del otro día en Cádiz, eso nos facilita a todos mucha calma. Y así estoy... aguardando el partido con el Celta con todas las ganas del mundo. Quiero hacer un buen partido y sumar los tres puntos.
Todos los goleadores convocan a su alrededor una exigencia que no se puede eludir. ¿Cómo lleva usted ese peso?
Es algo inevitable y normal que la gente me pida goles. Cuando uno se queda varios partidos sin marcar, enseguida comienzan las ansiedades, los nervios. Pero los momentos así hay que tomárselos con tranquilidad. Ya he pasado por esto antes y sé que es una cuestión de momentos, de rachas. Cuando se corte ésta, los goles vendrán todos seguidos.
Si observa su carrera en perspectiva, ¿se ve más como un goleador de rachas o como un anotador constante?
Siempre mantuve una media de goles más o menos similar. Pero creo muchísimo en las rachas: me ha ocurrido pasarme muchos partidos sin marcar y luego hacer varios de forma consecutiva. No se sabe por qué, pero ocurre así.
En el Zaragoza hizo tres consecutivos y el cuarto enseguida. Y desde entonces (partido con el Racing, el 27 de octubre), nada: más de un mes de sequía...
Sí... tiene que ver también con la confianza, un poco con estados anímicos. Y desde luego con el rendimiento del propio equipo, la situación general. Uno está dentro de eso. En las últimas semanas nos ha costado generar ocasiones de gol y eso se traslada al goleador. Por eso estoy seguro de que, con la mejoría general y las victorias también van a venir más oportunidades y más goles para todos.
Al margen de eso también parece que hubo un bajón en su juego. Daba la impresión de estar más fresco e incisivo en los primeros partidos que ahora. ¿Le parece así?
Puede ser, puede ser. Creo que eso también tiene que ver con el estado del equipo. En los primeros partidos el Zaragoza jugó realmente bien, con los resultados a favor, dominamos los partidos, llegamos arriba con claridad. Después entramos en un pozo del que nos está costando salir. Eso trajo dudas y nerviosismo, no jugamos bien, y creo que yo estuve en esa línea. Seguro que me afectó. Por eso espero que ahora vuelva a aparecer el equipo y yo también.
Argentina, Italia, España: ¿Dónde resulta más complicado meter goles?
Uf, en todos los lados. Anotar es dificilísimo aquí, en Argentina, en Italia y en China...
¿Ya le ha descubierto al campeonato español las diferencias con el italiano?
El fútbol es igual pero al mismo tiempo distinto en todos los lados. También a eso me tengo que acostumbrar. He encontrado diferencias y creo que necesito algo de tiempo para adaptarme totalmente. Pero es un tipo de fútbol que me gusta mucho.
Usted llegó aquí con tratamiento de estrella, algo que parecía incomodarle. Eso se ha atemperado un poco, ¿no?
Sí, me hizo sentir raro porque yo no me veo como una estrella. Me vi muy sorprendido. Es lindo y trato en cada partido de devolver todo lo que me dieron, pero siempre he querido mantener los pies en el suelo. Es mi forma de ser.
Y en los ratos malos, ¿un hermano es un escolta o una carga que añadir?
No, no... siempre te ayuda. Los dos somos muy autocríticos y constantemente tratamos de ver los errores de cada uno. En ese sentido, tener alguien de confianza a tu lado es un apoyo buenísimo.
Comenzó jugando solo arriba, ahora le acompaña Ewerthon u otro delantero. ¿Le afecta en algo el cambio?
Creo que reunir buenos jugadores arriba siempre facilita las cosas, pero en el Zaragoza jugamos con muchos hombres que llegan al ataque. Llega Ewerthon, el otro día anotó Cani, Generelo también puede disparar, están Savio y Óscar... A lo largo de mi carrera jugué de todas las formas posibles, así que creo que no es tan decisivo cómo se arma el equipo, sino sumar victorias.
¿Se entiende bien con Ewerthon en la punta?
Ewerthon es un gran jugador. Rápido, capaz de meter goles, abre espacios... Claro que sí.
Usted habló a su llegada a Zaragoza de que había aprendido la importancia del gol. Pero una cosa es eso y otra meterlos. Eso no se decide...
No, no me refería a aprender a marcar goles, eso es difícil. Quise decir que conforme avanzaba hacia mi vida profesional pensé que, como delantero, los goles formaban parte de mi obligación. Y empecé a preocuparme más de meterlos. De chico juegas por jugar, ni te acuerdas. Pero luego aprendí que para un punta es básico.
Y si no lo hace, como ocurre ahora, ¿se inquieta?
Lógicamente tengo ganas de volver a hacerlo. Los delanteros vivimos de nuestros goles, pero no es algo que me obsesione o me llegue a preocupar. Lo individual siempre depende del colectivo, del grupo. Por eso digo que no me importante tanto mis goles como el equipo. Eso es lo que verdaderamente me preocupa.
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Al ritmo de anotación actual, a Diego Milito le sale una proyección de once goles más o menos al final de la temporada. ¿Le satisface?
No, me parece poco. Creo que tengo más goles. Aspiro siempre a lo máximo y no quiero conformarme con nada.




