Cani vuelve a sonreír
Lleva ya varios partidos seguidos como titular, y admite que le "gusta". Cani marcó el gol del empate en Cádiz y le dio alas a Ewerthon para voltear el choque. Ayer bajó del cielo a la tierra. No se siente el salvador del entrenador, pero internamente sabe que así fue. El 'Niño' tira del carro.

No fue su mejor partido, no tuvo la tarde soñada para cualquier jugador, pero supo aprovechar la magia del minuto 69 para darle un nuevo rumbo a un barco que se hundía. Y con él lo hacía el comandante Víctor Muñoz. Pero Cani estaba ahí otra vez, como hace casi un año en La Coruña. Por aquel entonces la situación no era tan dramática, pero sí que exigía una reacción de la "gente de casa".
Cani tenía ayer mejor semblante que en días anteriores. "Ha cambiado casi todo, desde la moral al juego. Hemos pasado una buena semana", dijo Rubén, azuzado por la lluvia y el frío de la Ciudad Deportiva. "Este triunfo supone mucho moralmente, pero no debemos marcarnos plazos ni tampoco una cifra de puntos de aquí a Navidad. Ahora hay que ganar al Celta, porque no podemos permitir que se escapen más puntos de La Romareda", añadió. Éste discurso será muy socorrido en esta semana que justo comienza, pero que lo hace apacible después del balsámico, y agónico, 1-2 en el Ramón de Carranza con goles del protagonista y del brasileño Ewerthon.
"No me siento el salvador de nadie", responde Cani a la pregunta de si se siente partícipe especial de la continuidad de Víctor en el banquillo, o al menos de que las dudas sobre su figura hayan remitido por ahora. "Es que tenemos equipo de sobra, y lo que necesitábamos era este triunfo para creérnoslo. Ahora Víctor está contento, y nosotros también lo estábamos", advierte Cani, que no tiene reparos en dedicar el gol a "un vestuario que lo ha pasado mal".
De buena mañana, Cani no tenía muy en mente cómo marcó el gol: "Pues no me acuerdo casi de nada, lo sé más por lo que me han dicho mis compañeros. Estaba fuera de área, finté a De Quintana y luego chuté...". Así de sencillo. Sucedió en décimas de segundo con la bendita mala pata de Armando, que tardó mucho en analizar ese balón conejero, eso sí, tirado con una intención de barrio obrero. Ese instante sirvió para que el Zaragoza despertara de una pesadilla de 68 minutos, ejemplarizada en una primera parte lamentable (nadie en el vestuario zaragocista esconde que se rozó el esperpento): "No estábamos en la mejor situación, pero afortunadamente nos sonrió la fortuna. Al vez teníamos que ser nosotros los que tuviéramos una pizca de suerte, ¿verdad?". Cani admite lo que es justo: "Tal y como nos fue al principio, un empate no hubiera estado nada mal".
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El puesto ideal. Pasarán mil años y todavía le estaremos dando vueltas a si Cani es mejor colocarle por la derecha, o rinde más en la mediapunta. Él ya no quiere líos: "Me siento a gusto jugando de titular, ya sea en la mediapunta, en la derecha o como pivote. Menos de portero, lo que sea...".
Desde la mediapunta se accede más al gol. Esta teoría tampoco le invita a mover el manzano de los sistemas: "No he jugado demasiado en el Zaragoza como mediapunta, y el año pasado marqué sólo dos goles, así que no creo que acuse la falta de gol si me ponen en otro puesto". Su único deseo es el de muchos. "A ver si empezamos a meter goles todos. No lo merecemos por el trabajo que estamos realizando", concluye. Que así sea.



