La mitad del Madrid convalece en Atenas
La otra mitad se quedó en casa y hoy se entrena en Valdebebas

Con el Madrid ya clasificado para octavos, el partido de esta noche era sólo una oportunidad para suplentes y canteranos, sin más cosas en juego que un poco de dinero (324.000 euros para el ganador) y un poco de prestigio, asuntos de menor importancia para quien se cree sobrado de ambos. Sin embargo, los acontecimientos de las últimas horas convierten la visita al Olympiacos en una prueba de laboratorio en la que se analizará hasta el más insignificante de los gestos con la esperanza de encontrar un gesto significativo.
La primera cuestión es saber si el nuevo entrenador del equipo, López Caro, cambiará algo, y no hablo por supuesto de grandes cambios, sino de alguna leve modificación, aprovechando que el encuentro, sin influencia en la clasificación, le ofrece cierto margen para expresarse y le permite disponer de hasta once de los jugadores que entrena en el Castilla.
La segunda cuestión es saber si está autorizado a cambiar algo, porque me cuesta creer que no haya recibido alguna indicación, al menos, para su estreno: Juan Ramón, da descanso a estos y juega con aquellos, si a ti te parece bien, claro, que tú decides. Hay muchas formas de influir en las alineaciones sin escribirlas en la hoja de un bloc y no sería extraño que quien ha recibido el inmenso regalo de entrenar al primer equipo, sin haber hecho más mérito que pasar por allí, sea receptivo a las sugerencias.
Que el flamante Madrid de los galácticos acabe entrenado por alguien que todavía no ha debutado en Primera indica dos cosas: que no han encontrado a otro y que existe, por parte del presidente, una absoluta desconfianza en la utilidad de los entrenadores, lo que le lleva a la conclusión de que vale cualquiera que no rompa la vajilla y sea razonable (es decir, que piense como él).
Aunque se quedaron en casa la mayoría de los pesos pesados (que hoy se entrenarán en Valdebebas), hasta el punto de que Pavón será el capitán, resultará interesante observar cómo algunos jugadores reciben las indicaciones del técnico, especialmente Robinho, el único ilustre en la convocatoria junto a Sergio Ramos y Baptista.
López Caro tiene fama de sargento, lo que le hacía respetado entre los 'soldados' del Castilla. Pero a partir de ahora será un sargento entre generales, un entrenador sin currículo, ni como jugador ni como preparador. Y el expediente académico y laboral es un asunto que tienen muy en cuenta los futbolistas estrella, que son jefes de personal en pantalón corto y soportan mal las órdenes de quien no luce en la pechera tantas medallas como ellos. Le ocurrió a Queiroz, y a García Remón, y, en el fondo, a Luxemburgo. Por eso mismo Sacchi debía haber sido ahora el entrenador interino. Aunque supongo que es más tranquilo seguir pasando los lunes al sol.
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Riesgo. De los futbolistas que jugaron de inicio contra el Getafe sólo se mantendrán en la alineación Pavón y Robinho, lo que permitirá a López Caro sentirse como en casa. Ramos, ausente por sanción el pasado sábado, regresa al once. Ellos serán los jefes de un equipo en el que Gravesen será el futbolista más veterano (28 años). Apostar por un grupo plagado de jóvenes es sugerente, pero muy arriesgado en un choque que tendrá repercusión en toda Europa y que será la última imagen que dé el equipo antes del sorteo de octavos. Lo que dure el entrenador dependerá en buena medida de esta primera impresión.
El Olympiacos, el peor del grupo, no se juega más que la honra (y el dinero) y es de suponer que su animoso público se lo recordará. Eso les hará peligrosos. Conviene recordar que si el Madrid venció en el Bernabéu a los griegos fue por un milagroso gol de Soldado. Quisiera decir que empieza una nueva época, pero creo más bien que comienza un nuevo episodio de la misma época. La directiva, en su intento de ganar tiempo, manda a Atenas un equipo y un entrenador de circunstancias. Veremos.



