Un nefasto Megía Dávila empujó al Depor a ganar
El árbitro, desastroso. Hizo repetir el penalti de Tristán

La pancarta rezaba así: "Tu familia se alegra de verte por tu casa". Nervión explotó en un sincero aplauso cuando vio a Caparrós en la hierba de Nervión. Bien, pues el hijo pródigo actuó de mal padre y no dejó ni una onza de pan para su gente. Su perfecto conocimiento del Sevilla, que ahora explicaremos, y el nefasto arbitraje de Megía Dávila frenaron la histórica racha de Juande Ramos.
Empecemos por lo segundo. El árbitro demostró no tener la capacidad suficiente para repartir justicia. Sin personalidad, hizo valer su poder a base de tarjetazos. En la primera parte ya había mostrado diez amarillas y una roja. Después, escaso de valentía, repasaba mentalmente el nombre del amonestado para no mostrarle la segunda. Desarboló hasta al mismísimo Juande, que inventó la serenidad. Su injustificada decisión de que Tristán repitiera el lanzamiento de penalti, tras pararlo Palop, fue el golpe definitivo que terminó por desequilibrar el encuentro. Por si le faltaba algo a la actuación, instantes después expulsó a Maresca por aplaudir su decisión. Se cargó, por completo, el partido. Ole. Sírvase lo que quiera...
Pero sería injusto no repartir el mérito del triunfo con Caparrós. El técnico utrerano dio muestras de conocer a la perfección a su equipo del alma. Sorprendió a todos en el inicio mandando presionar a sus jugadores muy arriba. Con dos órdenes principales: que Munitis insistiera en darle la noche a Alves e impedir que el Sevilla pudiese llevar el balón a las bandas. El encuentro se llevaba a la pizarra. El Depor asfixiaba la creación de los locales y Juande contrarrestaba con una perfecta doble línea defensiva, buscando la contra con Navas, Adriano y Saviola. Pero a Caparrós le salió bien la jugada. En una de las llegadas de Munitis y Capdevila, Alves cayó en la trampa. Penalti claro. Fue entonces cuando Megía Dávila se vistió de verde y oro para comenzar su faena. Palop paró el lanzamiento de Tristán y el colegiado ordenó repetirlo. A la segunda fue la vencida. El partido enloqueció y Víctor sentenció con un misil. El segundo tiempo, con hasta dos jugadores menos, fue misión imposible para los sevillistas. El enésimo lío arbitral.
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El detalle: Lanzamientos al terreno
Megía Dávila paró un par de veces el partido debido a algunos lanzamientos de objetos al terreno de juego. El árbitro le entregó al delegado de campo, Cristóbal Soria, un mechero y una petaca, que a punto estuvo de golpear al juez de línea en la segunda parte.



