Primera | Zaragoza 0 - Sevilla 2

Daniel Alves entierra a un Zaragoza moribundo

El Sevilla entra en Champions y deja a Víctor en el alero.

<b>LA SENTENCIA. </b>Alves finaliza un contraataque de Luis Fabiano para el 0-2, ante la desesperación de Valbuena, que encarna al Zaragoza.
Mario Ornat
Actualizado a

De madrugada falleció el padre de Savio. Por la mañana viajó el jugador a Brasil. Por la tarde murió el Zaragoza, huérfano de sí mismo. Lo demolió el Sevilla, que trajo de San Petersburgo un aliento helado de Champions. El fútbol es así de maniqueo. En el gol afortunado de Saviola, que conejeó un rebote en el área, quedó contenida la desgracia de un Zaragoza que es carne de cañón. Su mejor jugador fue César, el portero, expulsado en el minuto 39 por tocar la pelota con la mano fuera del área. Alves hizo el segundo, que tronó como una bomba en La Romareda. En Nervión se oyó apenas como un petardeo de juerga y manzanilla.

En una semana el Sevilla le ha ganado al Betis y ha entrado en la planta noble del campeonato. Seguro que alguien sentirá la tentación, por costumbre, de juzgarlo un ingrato desarrapado que se cuela entre la burguesía, pero cada vez hay menos rastro de ese perfil tabernario en el equipo de Juande Ramos. Considerado de forma absoluta, su partido de ayer no fue espectacular, pero lo jugó con inteligencia y sentido de la oportunidad. No es lo de menos en semana de UEFA. Manejó el medio frente a un Zaragoza con la seriedad de una esponja; cuando vio que el melón se abría fue a por él. Era como robarle a un mendigo, a ese clochard confundido que es el Zaragoza, pero qué iba a hacer... Su 0-2 tuvo la clínica asepsia de un bisturí. La Romareda olía a amoníaco y morgue.

César ya le sacó dos balones de gol a Kanouté y Navas en el arranque. Aun así parecía que el Zaragoza estaba vivo. Pero no. Le faltaba energía en el medio y juego arriba. También algo de rigor en defensa. El Sevilla tiene bloque y detalles, forma y fondo. Jordi le hizo de metrónomo excelente y Martí patrullaba. Alves no dejó pasar a Cani, que además tenía que perseguirlo de regreso. Diego Milito se iba a extrañar a sí mismo todo el partido. Cada vez que zafaba de su confusión se encontraba a un defensa. Perdido su portero, el Zaragoza acabó desmemoriado, como si no supiera para qué sirve la pelota. Saviola lo mató. Alves, prolijo toda la tarde, le echó la última palada y se largó silbando. Víctor está en el alero y se la jugará en la Copa y en Cádiz. Drama entre chirigotas y fino.

Juande Ramos "Saviola vino para meter goles"

"Con un marcador tan corto, una jugada desafortunada puede complicarte el partido. Estábamos preocupados porque no llegaba el segundo gol. Un viaje como el de Rusia deja secuelas, pero la gente se ha metido en el partido y ha trabajado bien. Saviola vino para meter goles. ¿El Zaragoza? Cuando no se pasa por un buen momento, los nervios amenazan y no es fácil jugar en esas condiciones, pero tiene un buen equipo y saldrá".

Víctor Muñoz "Claro que temo por mi puesto"

"¿Si temo por mi puesto? Naturalmente, esta es una situación muy dura. Pero tengo plena confianza en mi trabajo y hasta el final voy a luchar al máximo, con la firmeza y la confianza que tengo en los jugadores y en las posibilidades del equipo. El vestuario está anímicamente mal, eso es lo que más me preocupa ahora mismo. Era difícil ganarle al Sevilla con once, y con diez más todavía. Lo intentamos hasta el segundo gol, definitivo".

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El futbolista brasileño del Zaragoza conoció de madrugada el fallecimiento de su padre tras una larga enfermedad y por la mañana dejó la concentración para viajar a Brasil. Víctor había convocado a 20 por si acaso. El partido comenzó tras un minuto de silencio en memoria del fallecido.

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