Su ambición hizo crecer al Olympique

Alfredo Matilla
Redactor Jefe
Nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, 1982), es redactor jefe. Licenciado en Periodismo, entró en AS en 2005, donde pasó por la sección del Madrid, fue Delegado en Cantabria (2008-2012) y jefe de sección de AS.com (2012-2022). Tras su paso por Relevo, regresó a casa en 2026. Es Máster en Psicología Deportiva y autor del libro 'Por si acaso'.
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Este empresario (casado y con un hijo) dirige la empresa informática CEGID con la que tan sólo sabe maximizar sus beneficios. Su llegada al fútbol fue en los 80 de la mano del presidente del Marsella, Bernard Tapie, con el que conquistó la Copa de Europa de 1993. Se hizo cargo del Lyon en 1989, con el equipo en Segunda, y diez años más tarde hizo un equipo campeón. Se rodeó de gente fiel, competente y trabajadora, siendo su mano derecha el mítico futbolista Bernard Lacome. Para los franceses es un hombre afable, ambicioso y muy accesible, pero algo pedante. Para los rivales es el culpable de que los árbitros teman al Lyon. Tiene un punto negro en su currículo: Prometió que el Olympique no era un club vendedor y meses después Essien, la figura, emigró. Pero tiene algo que muchos envidian. Es el responsable de la financiación del club pero destaca porque nunca se entromete en la faceta técnica. Supo mantener la columna vertebral del equipo campeón del 2002 y ahora recoge los frutos sembrados. Con la creación del G-14 sufrió porque el Lyon no era tenido en cuenta, entre otros por el Madrid. Hoy es la referencia para muchos.

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