Ronaldinho prolonga la fiesta
El brasileño sigue en estado de gracia y volvió a demostrar que no hay otro futbolista como él en la actualidad. Marcó un gol y dio a Gabri y Larsson los pases de los otros dos.


El Barcelona es un equipo de verdad, compuesto por nombres y hombres y en el que todos caminan en la misma dirección. La sensación que transmite el bloque construido por Frank Rijkaard es que da igual quién esté sobre el campo, porque el equipo siempre juega igual, con la misma intensidad y manejando los conceptos que le han convertido en el conjunto que mejor juega en Europa ahora mismo. Nunca traiciona su ideal futbolístico, todos creen en las mismas ideas y a partir de ahí el Barcelona sólo puede crecer. Si en abril y mayo es capaz de ofrecer el mismo nivel que ahora, no hay duda de que el Barça es un claro candidato a ganar la Liga de Campeones.
Después del gustazo que se dio de golear el Real Madrid en el mismo Bernabéu, no se relajó, fue capaz de mantener la concentración y la misma actitud que el pasado sábado y quizá sea ese el mayor elogio que se le puede hacer al Barça. Su juego no fue tan fluido como en Madrid, pero también hay que darle al Werder el mérito que le corresponde en ello.
Rijkaard aprovechó la profundidad de su banquillo para dar la vuelta a la alineación e introducir cuatro cambios, todos en el centro del campo y la delantera. Respaldado por la seguridad que le aportan en estos momentos Valdés, Oleguer, Puyol, Márquez y Van Bronckhorst, el entrenador holandés dio entrada a Gabri, Motta, Giuly y Larsson por Edmilson, Xavi, Messi y Etoo, que por primera vez esta temporada comenzó un partido como suplente.
Mención especial merece el mexicano Márquez, que rinde a un altísimo nivel ya sea en el centro del campo o en la defensa. Y cuando actúa como central ofrece una salida limpia del balón, algo que hace mucho más fácil la vida de los centrocampistas y multiplica las variantes ofensivas de su equipo.
Tanto cambio no alteró el funcionamiento de la máquina azulgrana, liderada por Ronaldinho, que continúa en estado de gracia. Primero rompió la línea defensiva del Werder con un magnífico pase que permitió a Gabri batir a Reinke y después fue él mismo quien sorprendió al guardameta alemán con un lanzamiento directo de falta. Entre medias quedó el penalti de Van Bronckhorst a Micoud y que fue transformado por Borowski. Este contratiempo, capaz de desestabilizar a muchos equipos, lo convirtió el Barcelona en una anécdota.
Siempre Ronaldinho
La discusión que hubo en el primer tiempo por la posesión del balón se mantuvo también en el segundo, pero siempre con la sensación de que el único equipo que dominaba el partido de verdad era el Barcelona. El Werder disfrutó de la pelota de una forma ficticia, casi siempre en su campo o en las proximidades del círculo central, a muchos metros de Valdés.
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Sin embargo, cuando el balón caía en los pies de Gabri, Deco, Giuly o Ronaldinho se notaba una mayor sensación de peligro. Sobre todo cuando era Ronaldinho el que aparecía. Desborda confianza y a falta de 20 minutos decidió sentenciar el resultado. Rebuscó entre su amplio repertorio de habilidades y encontró un pase que dejó a Larsson delante de Reinke. El sueco se lo agradeció marcando su primer gol en esta Champions. Y casi para el final dejó Ronaldinho la acción más atrevida, cuando quiso regatear al borde del área a dos alemanes colándose entre ellos después de hacer una cola de vaca. Se le escapó el balón al final.
En este ambiente incluso Oleguer se animó en ataque y levantó el Camp Nou con un eslalon por la banda derecha con regates y recortes que nunca nos imaginaríamos que pudieran surgir de sus botas. Así es este Barcelona. Y también le dio tiempo a aparecer a Víctor Valdés que le ganó un mano a mano a Hunt, después de una espectacular jugada colectiva del Werder, y otro a Valdez poco después.



