Una lección de orgullo
El Sevilla apeló a la épica y ganó con dos menos

Anoche volvió a hervir la sangre roja en Nervión. Jugando con un hombre menos durante buena parte del encuentro, el Sevilla tiró de orgullo y épica para golpear con dureza al eterno rival. El Betis nunca supo aprovechar la superioridad numérica, dejó vivo al Sevilla cuando parecía loco y murió tras el error de Joaquín. La garra de los nervionenses anularon cualquier opción de victoria bética. Lección de oficio y de cómo se debe jugar y ganar un derby.
Los dos equipos salieron con demasiado miedo, más preocupados por no errar que por crear. Nadie estaba decidido a arriesgar y el encuentro se cerró desde el inicio descaradamente. Sólo había ganas y pasión, pero poco fútbol. El primer susto llegó tras un fallo de Palop, que le entregó a Dani el balón en un saque de esquina. Capi, con mucha actividad durante el primer tiempo, envió el rechace arriba. El Betis se acomodaba en el campo gracias a un extraordinario repliegue. Rivera y Capi se hacían dueños del mediocampo. Los béticos no llegaban con peligro, pero sí deban sensación de tenerlo.
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Sin ocasiones. Al Sevilla le costó un mundo generar ocasiones claras. Navas y Adriano no le daban profundidad al equipo, que abusaba de los balones aéreos buscando arriba a Luis Fabiano y Kanouté. Saviola, sorprendentemente, se había quedado en el banquillo y faltaba esa pieza que enlazara el juego. Pese a todo, el choque era frontal y muy equilibrado. Hasta que llegó el primer punto de inflexión. Javi Navarro perdió los papeles, le lanzó una coz a Dani y el árbitro le mandó a la ducha. El Sevilla perdió el sitio y los béticos se hacían dueños del partido. Dos latigazos de Joaquín por su banda metieron el miedo en el cuerpo a la enfervorecida afición rojiblanca. El inicio del segundo tiempo trajo el segundo cambio de rumbo del partido. Martí lanzó una falta y Joaquín, incomprensiblemente, tocó el balón con la mano. Maresca, con su carácter aguerrido, efectuó un lanzamiento de penalti extraordinario. El Sevilla, con sólo diez hombres, se ponía por delante. Nervión se vino abajo. Comenzaba un nuevo partido. Los sevillistas se mataron a correr y cerraron filas, regalándole el balón al eterno rival. Los de Juande defendieron con el cuchillo entre los dientes todos los ataques de los béticos, que no encontraron ni los huecos ni la serenidad para darle la vuelta al marcador. Es más, Navas y Alves, en dos contras, estuvieron cerca de matar el partido. La expulsión de Maresca en los últimos minutos engrandeció la épica. Y por si faltaba emoción, Palop le sacó un perfecto lanzamiento de falta a Assunçao que paralizó los corazones en Nervión.
El Sevilla dio otra lección de cómo se juegan los derbys.



