Clasificación Mundial 2006 | Eslovaquia 1 - España 1

¡España, über alles y olé!

Un golazo entre Villa y Morientes selló la clasificación Eslovaquia apenas molestó Xavi y Xabi cogieron la pelota y no la soltaron El Guaje pisa fuerte.

<b>MICHEL SE SACA LA ESPINA.</b> Uno de los jugadores más felices en la Selección es sin duda Michel Salgado. El lateral gallego del Real Madrid no estuvo en el Mundial de Corea y Japón celebrado en 2002 y, salvo lesión, sí estará en el de Alemania puesto que es el lateral derecho titular para Luis. Salgado se quitó la espina que se le clavó con  Camacho.
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Empecemos por lo pinturero: el gol de España (un golazo) lo fabricó Morientes y lo marcó Villa. Una morovilla de gol a cargo de dos futbolistas que salieron desde el banquillo. Los que creemos que este equipo español es el de más talento desde el de México-86 seguimos de enhorabuena. En el Calderón salieron durante la segunda mitad Vicente, Xabi Alonso y Morientes; ayer fue el turno de la pareja goleadora y Sergio Ramos. No se me ocurren muchas selecciones con esa profundidad de banquillo. Faltará el crack, el Ronaldo de Brasil, el Zidane de aquella Francia imperial, del Maradona argentino ni hablar. Pero futbolistas de calidad para hacer un buen equipo, eso lo tiene Luis en cantidad más que suficiente. Un equipo serio, difícil de ganar y capaz de vencer a cualquiera. Un equipo convencido de que puede ser protagonista en cualquier gran torneo. Esa es la cuestión más allá del partido de ayer, que fue lo perrillo que nos imaginábamos. La cuestión es que España cruzó la frontera de Alemania vía Bratislava y comienza ya la cuenta atrás hacia un Mundial que, como siempre, acabará empujándonos hacia aquella frase-pregunta tan barcelonista: ¿este año sí? La respuesta no puede ser más que ésta: ¿y por qué no? Alemania, aquí estamos: ¡España, über alles y olé! (España, por encima de todos, de todos sus errores, y olé!)

Lo de ayer se ajustó al guión más probable de los que se manejaban la víspera, mucho más cuando comprobamos con cierta sorpresa que Eslovaquia estaba lo que se dice entregada y ni presionaba ni daba patadas ni siquiera apelaba a lo más rudimentario: balonazos a la olla y a ver si España se equivocaba. Dato definitivo: en materia de faltas, la primera parte acabó con Eslovaquia, 8 - España, 7.

No hubo infierno ni revancha ni ná. Un 5-1 aplatana. Infierno puede haber hasta con un 2-0 en contra, en el Turquía-Suiza por ejemplo. Pero a partir de los tres goles de desventaja, la diferencia de juego entre un equipo y otro acaba marcando las distancias que en Madrid, Bratislava o en la Conchinchina existen entre España y Eslovaquia. En el momento en que la FIFA decidió que hubiera cabezas de serie en la repesca europea y a España le tocaron los eslovacos y a Chequia, Noruega, lo único que quedaba por ver era qué pasaba entre turcos y suizos.

Al final, las palabras del excitado seleccionador Galis, que se cumplieron a rajatabla, fueron éstas: "No tenemos nada que hacer". Sólo empatar el partido más por dejación del rival que por méritos propios. 1-1. El honor de no perder en casa: hasta luego, Lucas.

Desde el momento en que la Selección comprobó que los eslovacos estaban entregados, asistimos a un rondo gigantesco a cargo de un equipo español que decidió nadar, guardar la ropa y pensar en la Liga. Si nos ponemos serios, y tampoco es que sea la mejor ocasión, hubo fases del partido que recordaron aquellas noches frustrantes ante Bosnia, Lituania y Serbia, por quedarnos en lo más reciente: abrumadora posesión de la pelota y el portero contrario, casi de vacaciones. Raúl tuvo el 0-1. Y Torres. Y otra vez Torres. En estas que Durica dio la única patada fea del partido: lo amonestaron y esa tarjeta tuvo un efecto sedante entre sus compañeros, que apenas si hicieron más faltas. La posesión española acabó siendo aplastante, pero también lo fue el tran-tran con que el equipo se deslizó hasta el final de un primer tiempo que confirmaba que estábamos ante un trámite y que Eslovaquia no iba a ser rival ni de salida ni de llegada.

Tras un descanso plácido, el regreso tuvo sorpresa: un error en cadena de la defensa española dejó a Holosko ante las narices de Casillas y no le perdonó. No pasaba nada, que la repesca estaba ganada, pero sí vivimos esos momentillos de desconcierto tan propios de nuestra Selección y un toque a rebato desde el banquillo, que bastó para que el equipo diera un pasito adelante y al momento casi empata Baraja. Ese estiramiento general bajó al rival del pequeño escalón de euforia al que le había subido el gol, no ya pensando en la remontada sino en una victoria en el partido que hubiera colmado sus ilusiones.

Pero Luis reaccionó y movió ficha, seguramente para demostrar que no tolera que España pierda un partido ni en un momento como el de ayer, a caballo entre un 5-1 y un Madrid-Barça. Luis, por cierto, alcanzó su partido número 18 al frente de la Selección sin conocer la derrota. Otro datillo a considerar, ya que el próximo partido oficial del equipo será Alemania, es que España no pierde en una fase final desde aquel 3-2 con Nigeria en Francia-98, partido que jugamos con Iván Campo de lateral derecho por primera vez en su vida, Zubi aumentando su leyenda (fue su partido 124 y se retiró dos después) y, acidez inevitable a un lado, sin mucha suerte. Desde entonces, España empató con Paraguay, goleó a Bulgaria, se fue ricamente para casa y regresó ya con Camacho en Corea-2002, de donde le echó Al Gandhour... sin perder un partido.

Dominadores.

Ayer tampoco perdió, porque lo que no puede ser no puede ser. Y además, es imposible. España no expuso, pero hizo lo que debe hacerse siempre: tener la pelota y manejar con ella el ritmo del juego. Sin duda que Albelda es uno de los fijos en el pasillo de seguridad de Aragonés, con Casillas, Puyol y Raúl. Pero cuando se juntan Xavi y Xabi la cosa se transforma en sinfonía de toque y de buen gusto. También la presencia de Villa es destacable. El Guaje tiene la virtud de encarar la portería: se la das y no se va para un lado como otros, sino que sale en plan flecha hacia el portero contrario. No tiene el equipo decidido su 9 y una cosa sí tiene clara Luis: a Torres, titular ahora y a Morientes, su sombra, les ha salido un competidor muy serio, este Villa que marcó ayer su golito y presentó de nuevo sus credenciales.

Buen partido de Vicente, que al final fue el que más palos se llevó, en su pelea por Reyes por un puesto en el equipo titular. La amplitud que le da al equipo un jugador como el valenciano es muy de considerar, así como también la apuesta de Luis por una zaga que con el cambio de López por Del Horno pinta a que será la titular.

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España, en fin, consiguió en Bratislava su pase a la que es su octava fase final consecutiva en un Mundial, lo que supone quitarnos la espina alemana: la última vez que faltamos fue en Alemania-74, cuando aquel gol de Katalinski en una repesca nos dejó en la calle. Treinta y un años después, los hijos-nietos de Katalinski nos birlaron la plaza que da acceso directo al campeonato, pero hasta ahí. España estará en la fase final de este Mundial porque hizo los deberes en Madrid y mantuvo el tipo en el partido de vuelta, en el choque de la verdad.

Bien está, pues, lo que bien acaba. Y aunque reafirmamos nuestra fe en este equipo, habrá que cerrar está crónica que pone punto final a la andadura clasificatoria con un apunte obligado: de ninguna manera debió llegarse a esta repesca tras un grupo con Serbia, Bosnia, Lituania y San Marino. Ésta es la asignatura pendiente: la igualdad es prácticamente total y universal (Australia se zampó a Uruguay), pero las selecciones con cuajo ganan sus pases a las fases de la verdad con esfuerzo, pero sin errores. España necesita creerse que puede ser como Italia, Argentina, Holanda o Inglaterra, que no son aquel Brasil de Pelé (ni éste de Ronaldo), pero sí equipos solventes. Aplíquense, muchachos. Y hasta otra: la buena.

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