Primera | Real Madrid-Barcelona

Un clásico sin Figo

Por primera vez desde 1995 Luis Figo no será uno de los protagonistas del clásico. Para el recuerdo quedan sus regates, sus goles y la cabeza de cochinillo con que le obsequió el público del Camp Nou en 2002.

<B>DIEZ AÑOS DESPUÉS.</B> Un década después, el clásico no será el partido más importante del fin de semana para Figo.
Óscar García
Jefe de sección
De Moratalaz. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Fue uno de los cinco primeros becarios en la historia de AS (1994). Estuvo seis años en PC Fútbol y entre 2002 y 2014 en AS.com. Pasó por TMG, A la Contra, archivo del Mº de Justicia y deportes de La Razón. En 2022 volvió a AS como jefe de sección de AS América.
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Jorge Valdano pidió su fichaje para el Real Madrid en 1994, pero en aquella época la cuenta corriente del club que presidía Ramón Mendoza ofrecía más números rojos que negros y la operación se antojó imposible. De ello se aprovechó el Barcelona para fichar al portugués, de eso y de la duplicidad de contratos que tenía Figo con Parma y Juventus y que le impidió jugar en Italia. No tardó en convertirse en un icono para el barcelonismo y en un azote para los madridistas, que le sufrieron hasta que apareció Florentino Pérez para romper el mercado de fichajes y vestirle de blanco.

Pocos futbolistas han despertado tantas pasiones y odios en el fútbol español como Figo, que alcanzó su mejor versión vestido de azulgrana en los clásicos contra el Real Madrid. La banda derecha del Barcelona fue suya durante cinco temporadas y uno de los rivales que más sufrió sus carreras, regates y centros fue Roberto Carlos. Son contados los jugadores que han exigido tanto al lateral brasileño, que necesitaba estar al cien por cien física y mentalmente para no quedar en evidencia.

Y es que una de las especialidades de Figo era descubrir a los ojos del público las carencias de sus marcadores. Pocos salieron indemnes y el Camp Nou y el Santiago Bernabéu lo disfrutaron y lo sufrieron. Jugador de fuerte personalidad y carácter ganador, Figo nunca se escondió y la presión de la afición rival no hacía más que motivarle.

Orgulloso como pocos, no dudaba en pedir el balón y asumir la iniciativa cuando se le bajaban las persianas a sus compañeros. Y el mejor escenario para ello era el clásico, con todo el país futbolístico pendiente de él. Los buenos aficionados del Barcelona aún recordarán el golazo que le marcó a Bodo Illgner en el Camp Nou, del mismo modo que los seguidores madridistas aún saborean el tanto que le marcó a Bonano en el Bernabéu y que sirvió para que el Madrid derrotara por 2-0 al Barcelona. Era ya el tiempo añadido y el Madrid hubiera ganado igual sin aquel gol, pero en los últimos años pocos tantos se han celebrado con tanta intensidad en Chamartín como ese.

El cochinillo y la suplencia

Pero ligados a estos clásicos también están tres de los momentos más desagradables de su dilatada y brillante carrera. Su primera visita al Camp Nou como jugador del Real Madrid resultó especialmente traumática para él. La afición que hasta unos meses antes le había idolatrado transformó todo ese amor en un odio visceral que impactó tanto al portugués que desde ese día Figo fue un poco más madridista. Las pancartas que poblaban el estadio y los billetes con su imagen lanzados desde la grada seguro que aún permanecen en la memoria del ahora jugador del Inter.

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Como no habrá olvidado tampoco la cabeza de cochinillo y las botellas, una de cristal, que le arrojaron durante el clásico de 2002, lo que provocó que el árbitro, Medina Cantalejo, interrumpiera el partido y mandara a los vestuarios a los jugadores del Madrid hasta que se tranquilizaron los ánimos. Un cuarto de hora después el Madrid regresó al campo y Figo, como si nada hubiera pasado, se fue directo al córner para efectuar un saque de esquina.

Sin embargo, ninguno de esos momentos le dolió tanto como cuando la temporada pasada supo que iba a ser suplente en el clásico del Bernabéu. Ese día Figo, herido en su orgullo, intuyó que su aventura en el Real Madrid estaba llegando a su fin. Y no se equivocó.

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