Primera | Zaragoza

Dos partidos de margen

Nadie en el Real Zaragoza quiere la destitución de Víctor Muñoz, ni nadie con peso en el club se la ha planteado todavía, pero lo cierto es que el técnico ya se encuentra ante el juez implacable de los resultados. No tiene ningún ultimátum, pero se jugará el cargo en los dos próximos partidos.

<b>ALERTA. </b>Víctor Muñoz, durante el partido del pasado domingo en el Bernabéu. Al técnico van a salvarle o condenarle los dos próximos resultados en la Liga.
Pedro Luis Ferrer
Delegado de Aragón
Delegado en Aragón de Diario AS desde 2004. Licenciado en Ciencias de la Información-Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.
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La botella se puede ver medio llena o medio vacía. Se pueden analizar al detalle todos los partidos del Real Zaragoza y comprobar que sólo el Getafe fue claramente superior. Se pueden también sumar y restar los méritos y deméritos en cada uno de los encuentros y hasta cuantificar todos los agravios arbitrales, que han sido muchos -entre Megía Dávila y Moreno Delgado le han birlado al equipo cinco puntos-. Pero en el fútbol mandan los resultados, únicamente los resultados. Y los del Zaragoza son catastróficos: una victoria en once partidos y, lo que es peor, la frontera del descenso a tiro de piedra, a un solo punto. Y a ese juez implacable es al que se va a enfrentar a partir de ahora Víctor Muñoz. Nadie le ha dado todavía un ultimátum, fundamentalmente porque ninguno de los principales del club aboga por su destitución, pero lo cierto es que el técnico se va a jugar su futuro en las dos próximas jornadas. Y, como siempre, van a salvarle o condenarle los resultados.

Pero después de este análisis de situación se hace obligado explicar algunas de las claves internas sobre la figura de Víctor Muñoz y su grado de contestación. La primera es que más allá de la opinión de un par de consejeros, que vienen sembrando cizaña contra el entrenador aragonés desde el verano, en el Zaragoza no hay ninguna intención de despedir a Víctor Muñoz. Todo lo contrario. Tanto el núcleo duro del consejo de administración como los técnicos (el director deportivo Miguel Pardeza y el secretario técnico Pedro Herrera) consideran que está sobradamente capacitado para sacar al equipo adelante. No, éste no es un caso similar al de Paco Flores, y, por encima de detalles puntuales, ni hay dudas sobre la profesionalidad de Víctor ni sobre su método.

Pero hay todavía una cuestión más importante y es el respaldo que Víctor Muñoz tiene del presidente Alfonso Soláns. Y no sólo por la problemática económica que propiciaría su despido (unos 700.000 euros libres de impuestos) y la contratación de otro técnico. Y aquí hay que decir también que entre los que están en el paro (Irureta, Del Bosque, Camacho, Floro...) no hay nadie que entusiasme a los técnicos, a excepción de Víctor Fernández, que, por razones sobradamente conocidas, no volverá a entrenar al Zaragoza mientras Soláns continúe en la presidencia.

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Y luego está la opinión de la plantilla y, por supuesto, la de la afición. Ya se sabe que en el fútbol se puede hacer de todo, menos perder siempre o ir contra el gusto del público. Pues bien, ni La Romareda se ha expresado todavía contra Víctor ni los jugadores están haciendo fuerza para cargárselo. Los que de verdad estaban contra el técnico, se fueron este verano (Soriano, Drulic, David Pirri, Javi Moreno...). Es verdad que Víctor, exigente, puntilloso y en ocasiones asfixiante, no tiene adhesiones inquebrantables en la actual plantilla, pero tampoco grandes enemigos. Y, por ejemplo, ninguno de los jugadores importantes, por encima de un calentón pasajero, desea su destitución.

El problema es que en el fútbol, al final, todos los apoyos se quedan cortos si no hay resultados. Y, aunque nadie lo desee, siempre es el entrenador el que se va a la calle. Y Víctor Muñoz, que lleva en esto 30 años, lo sabe mejor que nadie.

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