El Madrid sí quiso ganar
El Real Madrid mostró más ambición que el Zaragoza y mereció la victoria por carácter y personalidad. En las últimas semanas ha sabido sobreponerse a las bajas y se mantiene en puestos de Liga de Campeones antes de enfrentarse al Barcelona.


Las bajas que han golpeado al Real Madrid en las últimas semanas han cambiado la cara al equipo y también su mentalidad. Quizá obligado por las circunstancias, o más bien por la composición de la plantilla, la ausencia de determinados futbolistas lleva al Madrid a traicionar a su espíritu y le empuja a dejar la iniciativa al rival para maquillar sus carencias en la construcción del juego.
El contragolpe y las acciones de estrategia se han convertido en la principal base con la que se alimentan las ambiciones ofensivas del Real Madrid en los últimos partidos. Fuera de casa puede valer con eso, y de hecho le ha permitido al Madrid para vencer en sus visitas al Betis y al Rosenborg, pero en el Santiago Bernabéu, donde debe llevar siempre la iniciativa y tener el balón, los problemas se amontonan. Un mediocentro formado por Sergio Ramos y Diogo es una solución de emergencia que garantiza consistencia defensiva y presión, pero a ninguno de ellos se les puede pedir que asuman labores de creación, aunque Ramos se anime con cierto éxito a ello.
Y por si los problemas fueran pocos, a los 23 minutos se lesionó Jonathan Woodgate. Un problema muscular le mandó a los vestuarios y su sitio lo ocupó Mejía, que esta vez sí se situó como central y no en la banda derecha, como hizo una semana atrás en el Ruiz de Lopera.
Lo mejor que le pudo pasar al Madrid fue encontrarse con un rival como el Zaragoza, un conjunto timorato, que pareció impresionado por la majestuosidad del Bernabéu y no se decidió a buscar la portería de Casillas hasta bien iniciada la segunda parte. Pero cuando se animó a atacar lo hizo con peligro. Primero Diego Milito mandó un balón al larguero y poco después Casillas debió emplearse a fondo para despejar un disparo de Savio.
Dos penaltis
Con Pablo García y Zidane fuera, se le debería exigir a Guti o Beckham que tomasen la iniciativa y crearan juego, pero contra el Zaragoza apenas lo hicieron. La presencia del canterano De la Red quizá aportaría algo de luz al confuso juego del Madrid. A Beckham se le vio sacando faltas y Guti apareció para dar un magnífico pase a Robinho que acabó en penalti por un presunto derribo de Toledo al brasileño. Robinho tiró desde los once metros y la figura de César surgió para recordar a algunos que es un buen portero y detuvo el lanzamiento.
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No pudo hacer lo mismo unos minutos después. Ponzio derribó claramente a Robinho dentro del área y Muñiz Fernández volvió a señalar la pena máxima. Robinho reclamó de nuevo el balón, pero fue Roberto Carlos quien terminó efectuando el lanzamiento. No falló y evitó un problema a su equipo y a su compañero. A su equipo porque le dio una victoria que le mantiene en puestos de Liga de Campeones y a su compañero porque de haber fallado de nuevo el lanzamiento, Robinho hubiera tenido que soportar una enorme presión.
Ese gol hizo justicia y premió al conjunto que mostró más ambición y quiso ganar de verdad el partido, controlado siempre por el Madrid, que en esta época de dificultades por la que atraviesa ha sabido recurrir a su carácter ganador y al peso de su camiseta para sacar adelante los tres últimos encuentros. A todo eso y a Casillas, claro, que volvió a aparecer al final para desviar un potente y preciso disparo de Movilla. Iker siempre está en su sitio.



