Liga de Campeones | Rosenborg 0 - Real Madrid 2

De Noruega... a los octavos

Cómoda victoria ante el Rosenborg Bastaron los destellos de Robinho y Guti. El primer puesto de grupo se jugará contra el Lyon en el Bernabéu.

<b>LUXA: 4-0 DE PARCIAL.</b> El Madrid ha solventado las dos últimas salidas (Betis y Rosenborg) con idéntico resultado: 0-2. El panorama era complicado para Luxemburgo tras las derrotas contra el Valencia y el Deportivo pero el equipo blanco dio la cara en Sevilla y Noruega con dos triunfos que vuelven a calmar las aguas en el seno del club madridista.
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Las bajas han ofrecido al Madrid una magnífica coartada para renunciar a eso que los brasileños llaman jogo bonito y han liberado al entrenador y a sus futbolistas de la necesidad de jugar bien, exigencia primordial para todo aquel que exhibe ese escudo y obligación que debe pesar como el plomo. Con esa excusa ("esto es lo que hay, háganse cargo") cualquier triunfo pretende ser irreprochable, como si no fuera posible emitir un juicio crítico sobre un equipo en estado de excepción, como si hacerlo fuera tan cruel como disparar contra una ambulancia. De ese modo, en las victorias del Madrid, a falta de otras virtudes, nos vemos en la obligación de destacar algo, quizá el oficio, esa cualidad que permite sacar adelante las tareas con la facilidad que otorga la experiencia.

Y así ha ganado el Madrid sus dos últimos partidos, en Sevilla y en Noruega, sin demasiados sofocos, por lo que debemos suponer que el equipo tiene, al menos, oficio. La victoria de ayer, además, significa la clasificación para los octavos de final de la Champions, pues se acompañó de la otra premisa necesaria, que el Olympiacos no venciera al Lyon. Debe pensar Luxemburgo que si el fin justifica los medios, también puede justificar los mediocampistas, su acumulación descarada.

Y es que esa volvió a ser la apuesta táctica del entrenador: muchos centrocampistas, especialistas o no, pero abnegados todos y atentos al corte. Cumplido el primer paso, quien tenga el balón debe dárselo cuanto antes a Guti, Robinho o Raúl, a los que ya se les ocurrirá algo. Y así pasan los minutos, protegidos, pero sin ritmo ni música, sin nada apreciable. Hasta que a alguien se le ocurre algo.

Esa fórmula, que sirvió para vencer al Betis, también valió para liquidar al Rosenborg. Si el pasado sábado bastó una conexión entre Guti, Raúl y Robinho, esta vez se alteró el orden de los dos primeros factores sin variar el producto. Raúl lanzó la contra, Guti se inventó un pase magnífico que rasgó la espalda de media defensa contraria y Robinho se encontró cabalgando solo en dirección al portero. La jugada tenía tanta inercia de gol que un noruego empujó a la red el buen centro del brasileño. Esto es lo que tienen los países muy civilizados, que nadie se salta un guión ni estropea una obra de arte. Finito. El partido estaba liquidado y la variación, de haberla, sólo sería favorable al Madrid.

Estrella fugaz.

Los minutos anteriores y posteriores al gol fueron los de Robinho, que dijo buenas noches con un caño magnífico, trazó luego una diagonal que terminó en disparo junto al palo y poco después enseñó a los extraños cómo son las bicicletas de la casa. En esa última acción no avanzó un metro, pero enloqueció a su marcador y le entregó un buen balón a Sergio Ramos, que no supo rematar de primeras, que era lo que pedía el cuero a gritos, masoquista.

Otra de sus intervenciones propició el segundo tanto, aunque en esta ocasión el mérito fue de Guti al aprovechar una pelota que se había quedado perdida y patearla a la red. El canterano lo celebró con absoluta efusividad y se lo dedicó a su abuelo fallecido.

Pero cuando nos disponíamos a disfrutar de Robinho, desapareció, no del todo, pero lo suficiente, como otras veces. Continúa el misterio. Seguimos sin explicarnos cómo un futbolista que da muestras de manejar tantos recursos para burlar contrarios apenas los utiliza. Es como si tuviera pánico a hacer un regate de más, a que le quiten la pelota. Y es una pena, porque en partidos como ayer, sin rivales de fuste, debería empezar a escribir su leyenda en Europa. Comparto la teoría de aquellos que piensan que al chico le han quitado la espontaneidad con un discurso sobre el valor del trabajo en equipo y el respeto debido a los compañeros. Vamos, que le han dicho que no chupe.

Ejemplo de lo que era el fútbol madridista es que en el minuto 38 el Rosenborg había lanzado seis córners y el Madrid ninguno. A esas alturas, Casillas ya se había tenido que emplear a fondo en tiros casi siempre lejanos.

En esas tareas defensivas, Woodgate, impecable por alto, colaboraba con Iker a la hora de conjurar el peligro, bien secundado por Pavón. Los laterales, en cambio, pasaban más bien inadvertidos. Salgado, sensiblemente mermado, fue sustituido en la segunda parte, pero de Roberto Carlos sigue sin encontrarse el rastro. Sergio Ramos, que repetía como pivote, se comportó otra vez con solvencia, robó muchos balones y probó puntería en más de una ocasión. Sin embargo, al igual que le pasa a Pablo García, se hace evidente que necesita un organizador a su lado, alguien capaz de marcar el ritmo del equipo. Y ayer sólo tenía a Diogo, que se limitó a correr, no perder la posición y, sobre todo, no meterse en líos. Un equipo como el Madrid no puede permitirse utilizar futbolistas de relleno. Cuando Salgado fue relevado, Diogo ocupó el lateral derecho y Mejía se sitúo junto a Sergio Ramos, lo que revela que Luxemburgo no espera del centro del campo grandes cosas.

Impotentes.

La segunda parte no deparó ninguna sorpresa y el partido discurrió de la misma manera, el Madrid controlando y el Rosenborg tropezando con los cordones de sus botas, enredándose en su propia inoperancia. El equipo noruego no tiene más que un futbolista imaginativo, Skjelbred, un muchacho de cara aniñada que no consigue hacerse entender. Así acabó el partido y así ganó el Madrid, 0-2, con un solo tiro entre los tres palos y con un solo córner a favor, por catorce de los noruegos. Si nos fiamos de la contundencia de los datos habrá que darlos todos.

Aunque la clasificación para octavos de final es un hecho y la recuperación moral del equipo otro, creo que es muy peligrosa la apuesta de Luxemburgo porque sólo sirve para salir del paso. No hay un plan de futuro, sino un baile de piezas que cuando se recuperen los lesionados tendrán que volver a su sitio, con el consiguiente desconcierto.

De lo visto, la única enseñanza que debería sacar el entrenador del Madrid, y a la que debería haber llegado en la pretemporada, por cierto, es que es en el mediocampo donde se localizan los principales problemas del equipo y donde se detecta su mayor vulnerabilidad. Pero no se puede reforzar esa zona con cualquier cosa, aunque de momento los remiendos estén dando resultado contra los enemigos de mediana categoría con los que se ha enfrentado el conjunto blanco.

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El Madrid todavía puede ser primero de grupo si consigue vencer al Lyon en el Santiago Bernabéu por 3-0, fabuloso desafío. Se espera que entonces haya recuperado a Ronaldo, Baptista y el resto de lesionados o sancionados. Esa será la hora de la verdad, porque la asignatura pendiente del Madrid está en su rendimiento frente a los grandes equipos.

Será bueno que Luxemburgo entienda que en esas citas habrá que hacer mucho más que protegerse, habrá que jugar bien al fútbol. Ese es el único camino que conduce al éxito y esa es la senda que hay que recuperar cuanto antes, sin excusas.

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