"Si al Barça le empatamos, ¿por qué no al Madrid?"
Cani está en un momento excelente. Esforzado, creativo, constante en su participación, rápido de mente, vertical. Ha reunido casi todos los adjetivos y está logrando que su fútbol se imponga a la rutina y la murga de sospecha de la grada. Pero el equipo no gana, y asoma el Bernabéu.

¿Está haciendo su mejor juego en mucho tiempo?
Los dos o tres últimos partidos no han sido malos, pero no es momento para hablar de rendimientos individuales.
Bueno, pero hay un partido o una competición que tienen que ver con el equipo y otra, paralela, que es personal.
Sí, en ese aspecto tengo que decir que paso un buen momento. He jugado los últimos tres o cuatro partidos y las cosas están saliendo bien.
La continuidad deseada.
La que quiere cualquier jugador, no sólo Cani. Ningún futbolista mantiene un nivel alto sin jugar al menos tres o cuatro semanas seguidas. Ni hay confianza ni ritmo de competición. Yo estoy teniendo eso este último mes y se nota en todo.
Usted se ha impuesto como titular a base de fútbol.
Para cualquier jugador que actúe en las posiciones de ataque resulta complicado mantener la regularidad. Las defensas son buenas, esto no es Tercera División. Y los jugadores como Óscar, Ewerthon o yo son los que más se tiende a cambiar, porque somos los que ocupamos posiciones decisivas. En esa rotación te juegas la confianza, y todos los días no se puede jugar bien. Pero estamos aquí para eso.
Usted libra una batalla deportiva y otra psicológica. Cani (encumbrado demasiado pronto por la prensa, se dice) siempre es materia sensible.
Nunca me lo he tomado así. La culpa de lo bueno y de lo malo que me ocurre es sólo mía. En el campo juego yo, no los periodistas.
¿Está contento?
Sí. A veces me impaciento, como le pasa al público o a la prensa, pero estoy contento de cómo va todo.
¿Celebraría ahora un gol?
(Se ríe). Ya hablé de eso. No celebré mi gol contra el Valencia, pero fue por un cúmulo de cosas que no tenían nada que ver ni con la afición ni con el entrenador. ¡Pero si llevábamos dos partidos! Me abracé a mis compañeros, en ese momento no me salió otra cosa.
Los gestos de un futbolista siempre se interpretan.
Sí, pero cada uno dio una explicación distinta. En un sitio decían que estaba enfadado con el público, en otro con Víctor. Alguno mentía, ¡yo no puedo estar cabreado con todo el mundo! No lo estaba ni con uno ni con otro. Era una tontería.
Era como una deducción. La gente silba a Cani y usted se quejó el año pasado de jugar poco. La suma sale por sí sola.
Yo estoy cada día más contento con la afición. Sé que hay gente a la que siempre tendré en contra, pero cada vez hay más de la que recibo apoyo y cariño. Hace mucho que aprendí a quedarme con eso. No le puedo gustar a los 30.000. Y además, que me piten depende de mí: si metiera dos goles cada día, nadie diría nada.
El fútbol lo salva todo.
A veces he pensado que no me merecía tantos pitos, como a veces he pensado que no merecía tantos aplausos. Pero nadie se queja de los aplausos.
El domingo pudo culminar su partido con el segundo gol.
¡Y de cabeza también, que nunca he hecho dos! Si la meto ahora el ambiente sería otro. Me faltó girar el cuello.
¿El problema del equipo es sólo meter las ocasiones o hay algo más problemático?
Uf, no sé. Ésta es la racha del empate, parece. Estaría más preocupado si no creáramos situaciones de gol, pero incluso jugando mal hacemos oportunidades porque tenemos jugadores para eso: Savio, Ewerthon, Diego... en cualquier momento te hacen una. En cuanto entre el balón jugaremos y marcaremos y seremos otra vez la bomba. Pero hay que salir de ahí ya.
Se habla de la fragilidad anímica del equipo, de falta de líderes, de preparación física...
No sé. Fragilidad... somos casi el mismo equipo que ganó la Copa. Yo físicamente me encuentro bien. Es verdad que ha habido momentos, cuando íbamos ganando, en que se ha visto venir el empate del rival, y ha llegado. Pero no creo que haya un problema físico. ¿Líderes? Los hay de sobra, todo el mundo sabe y ve quiénes son.
¿Es previsible el equipo?
Los rivales saben cómo jugamos, no hemos cambiado mucho en estos años. Pero aun así hacemos ocasiones, así que no sirve como teoría. Nos falta definir. Es mala suerte.
El Zaragoza está a dos puntos del descenso, pero nadie considera eso dramático.
Porque se ve que hay jugadores para mejorar. En vez de mirar que estamos a dos puntos del descenso, yo prefiero mirar que estamos a seis de la UEFA. No quiere decir que vayamos a ir a Europa, pero... prefiero esa perspectiva.
Vienen dos salidas a Madrid y Villarreal. ¿Qué espera?
No son los mejores campos para ir medio obligados, pero el partido del Camp Nou demostró que podemos sacar puntos en campos inesperados. ¿Por qué no en Madrid?
Tampoco el Madrid está como para tirar cohetes.
La Liga se ha igualado, cualquiera te pone en problemas. Nosotros debimos ganar al Racing y el empate parecía horrible, pero luego el Racing empató también en Valencia. A ver si puntuamos en Madrid, nos vendría de maravilla. Pero hay que tener en cuenta que hablamos del Bernabéu. Lo que no creo que debamos hacer es meternos atrás: Víctor no nos ha dicho jamás que lo hagamos.
Barcelona es la referencia.
Debemos aprender de ese partido. Fue mejor ese empate que la victoria en la Copa hace dos años (0-1), porque empatamos jugando muy bien. Por primera vez superamos el peso psicológico de jugar en el campo de un grande, y en ese sentido tiene que ser un ejemplo.
Lo psicológicamente decisivo es no ver a Ronaldo en el equipo de enfrente, ¿no?
Sí, la verdad. Con Ronaldo los partidos son diferentes, es increíble, el tío no perdona una. Ahora, está Robinho, Raúl, Guti. Vete a saber.
¿Le gusta Robinho?
Me gusta bastante. Lo que pasa es que el primer día, frente al Cádiz provocó un entusiasmo enorme, lo que hizo en poco rato fue una auténtica barbaridad. Y todo eso ha provocado que ahora toda la atención esté sobre él de forma permanente. Pero no puede estar todo el día con las bicicletas y las maravillas.
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¿No le resulta un poco familiar esa historia?
¿Eh?




