Primera | Betis 0 - Real Madrid 2

El Madrid estuvo mal y el Betis peor

Un derechazo de Robinho encarriló el triunfo. Los béticos, una sombra. Mejía marcó el segundo.

El Madrid estuvo mal y el Betis peor
Actualizado a

El partido fue una verdadera calamidad, un embrollo, careció de ritmo y estuvo plagado de imprecisiones y patadones al cielo, esos que no nos permitían ni en el colegio, ¡no la rifen!, nos gritaba un entrenador hasta rompernos los tímpanos, él no necesitaba pinganillo, era tenor.

Si venció el Madrid fue porque, igualado en el desastre, acumula más talento y bastó que se le derramara una sola gota para inclinar definitivamente el choque, me refiero al gol de Robinho, un pellizco genial que derribó al peor Betis que se recuerda. Este tanto fulminó lo único que le quedaba al partido, visto que ni había fútbol ni se le esperaba: la intriga.

Lo cierto es que pocas veces tendrá un equipo más excusas que el Betis para justificar una derrota, porque a la proverbial plaga de lesiones que sufre, se unió ayer la gripe del internacional Juanito, uno de los pocos que permanecía incólume. También se confirmó la ausencia de Joaquín, ya que el Comité Español de Disciplina Deportiva no tuvo a bien reunirse para discutir el caso, se ve que es comité poco disciplinado.

Entiendo que tanta desgracia abatió al Betis antes de salir campo. Como si el equipo no fuera víctima de una cruel casualidad, sino testigo de una indiscutible señal divina: no podrá ser. Conozco a béticos irredentos que afrontaron el partido con la misma resignada actitud. Sevilla, por torera, es tierra proclive a las supersticiones y huye de los gatos negros.

Si el Betis ocultaba su fatalismo con entrega pero sin excesivo convencimiento, el Madrid revestía sus debilidades de hierro forjado. Luxemburgo no mejoraba el conjunto, pero lo hacía más duro, mucho más duro que su rival, eso se descubrió pronto.

Al cuarto de hora de iniciado el choque, ya parecía un partido en el minuto 90, en la prórroga si me apuran, los equipos rotos, el campo abierto y las piezas desparramadas por el tablero. En esos panoramas empieza a ganar quien se protege mejor y termina por vencer quien aprovecha con más tino sus oportunidades. Y el Madrid cumplió las dos condiciones. Aguantó un par de acometidas del Betis, no más, y se estiró luego lo suficiente para dominar, tampoco mucho más.

Destello.

Fue en uno de esos movimientos de ataque cuando el Madrid enlazó la mejor jugada del partido: Guti conectó desde la izquierda con Raúl, este buscó a Diogo, que rondaba la frontal, y el uruguayo dejó pasar la pelota para que la aprovechara Robinho, que no sólo recibió la pelota sino el tiempo suficiente para pensar. Su derechazo, seco y duro, incluyó todas las maldades posibles: se dibujó de fuera a dentro y botó en la raya junto al palo.

El chico lo celebró con más alivio que alegría y se señaló con los pulgares el nombre que se lee en su espalda, Robinho, por si alguien tenía dudas. A esos que pierden la fe habrá que decirles que un piernas no se saca latigazo semejante, por lo que habrá que seguir confiando. Se detecta, además, una cierta mejoría en su juego. Ayer se le vieron un par de buenos regates (incluida una cola de vaca) y una incursión que no acabó en gol porque Doblas desvió el balón con las yemas de los dedos. Sevilla se encuentra a poco más de una hora de Cádiz, el reencuentro está más cerca.

El Betis no se sobrepuso al gol porque no podía ni sobreponerse a sí mismo, ni a los gatos negros. Rivera hacía todo lo posible por dar algún sentido al juego, pero su talento no era suficiente para ordenar al equipo. Edu se peleaba con el mundo y Oliveira era un isla. No había más. El resto eran sombras. La defensa, a excepción de Nano, también era un flan. Serra quiso reactivar a su equipo dando entrada, primero a Israel, y luego al burbujeante Dani. Pero ni ellos consiguieron cambiar el pálpito del partido.

En ese Madrid cauteloso las miradas estaban puestas en Sergio Ramos, convertido por Luxemburgo en eje del centro del campo. El muchacho cumplió porque aportó entrega y corte, pero apenas intervino en la creación del juego. En esa tarea se volvió a emplear Pablo García, que como ya hemos señalado alguna vez brilla en la contención, pero se queda corto en lo que a imaginación se refiere. Por cierto, el uruguayo vio una amarilla y no jugará contra el Zaragoza.

El único tren del Betis pasó en el minuto 76, cuando Rivera botó una falta desde la derecha y el balón, tras rozar en un compañero, fue estrellado por Edu en un palo. Más que cabecear, la pelota le pegó en la cara, por lo que no pudo controlarla. El mensaje que se leía en los posos del café era inequívoco: no podrá ser.

Sentencia.

El primer cambio de Luxemburgo fue introducir a Mejía por Diogo, que había estado muy discreto. El movimiento no ocultaba las intenciones defensivas del Madrid y si se salvó de la crítica fue porque el canterano aprovechó un magnífico pase bombeado de Guti para conseguir de cabeza el segundo gol. Parte del público comenzó a gritar la peor ofensa que pueda dirigirse al presidente del Betis: "¡Lopera sevillista!".

A Guti, ese pase de gol le debió parecer mucho, porque en ese instante se abrazó con Luxemburgo y una vez terminado el partido dedicó la victoria a Di Stéfano y Sacchi, se supone que como irónica respuesta a las críticas de ambos después de la derrota contra el Deportivo. Esas declaraciones confirmaron mis peores temores: alguien sacará pecho.

Sin embargo, no podía imaginar que la jactancia pudiera ser tan irrespetuosa. Suponía que la dedicatoria, de producirse, apuntaría a los críticos en general y quizá a algunos periodistas en particular, como suele ocurrir. Pero el exabrupto de Guti, luego matizado (fue 'un pronto'), se dirigió nada menos que contra el presidente de honor y el director de fútbol. Y si la falta es grave en el caso de Sacchi, que es un superior aunque parezca un feliz jubilado, resulta intolerable en el caso de Di Stéfano, cuyo nombre no debería ser pronunciado en vano y del que se deberían soportar con agrado hasta los bastonazos en la testuz.

Noticias relacionadas

Guti, que cumplirá mañana 29 años, no puede seguir comportándose como un adolescente inmaduro. Cuando ya nadie pone en cuestión su enorme talento, la justicia de su titularidad, Guti continúa sembrando dudas sobre su capacidad para aprovechar las oportunidades que se le ofrecen, y no me refiero tanto a las deportivas como a las emotivas. Con la misma facilidad que se gana adeptos, los espanta. De vez en cuando debería darse una asistencia a sí mismo.

El Madrid ganó con justicia y los tres puntos son de oro, pero la victoria no da para más alegría que la que proporciona la misión cumplida sin brillantez, el puño y la boca deberían estar cerrados, que nada se ha logrado todavía.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados