Primera | Betis - Real Madrid

Tras las huellas de Villamarín y Di Stéfano

Si hay tres mitos vivientes para los béticos, esos son Luis del Sol, Rogelio Sosa y Rafael Gordillo. Del Sol y Gordillo también hicieron vibrar al madridismo. En vísperas del Betis-Real Madrid, AS reunió a los tres.

Del Sol, Rogelio y Gordillo
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Napoleón hubiera dicho al pueblo bético: "Soldados, a los pies de estas pirámides, 50 años os contemplan". Las tres pirámides de este Egipto verdiblanco relucen a la luz y el sol cenital de Coria del Río, la Baracaldo del Sur: Luis del Sol Cascajares. Rogelio Sosa Ramírez. Rafael Gordillo Vázquez.

Las tres pirámides son los siete pulmones de Del Sol, la Pata de Caoba de Rogelio, esa zurda de las tostás, y el Vendaval del Polígono de San Pablo. Vendaval zurdo, para más señas: Gordillo. En 1953, Del Sol llegó al Betis, del que se marchó en 1960 porque Benito Villamarín lo vendió al Real Madrid de las Cinco Copas. Del Sol fue titular en la inolvidable final de Glasgow 1960 (7-3 al Eintracht de Frankfurt) y en 1962-63 se fue a la Juventus de los Agnelli. En 1972-73 acabó su carrera: en el Betis.

Don Alfredo.

El trato con Don Alfredo Di Stéfano marcó la carrera futbolística de Luis del Sol, que aún tuvo tiempo de coincidir en el Betis con el mejor Rogelio en aquella temporada 72-73. Así, Rogelio fue como un enlace o un puente en el tiempo que unió la memoria de generaciones. En juveniles, Rogelio veneraba la categoría de Del Sol, con quien luego compartió la camiseta de las trece barras verdiblancas.

Y en los juveniles del Betis de los años 70, ya galopaba un tal Rafael Gordillo, que, lanzado por la zurda mágica de Julio Cardeñosa, recogió el testigo de la zurda bruja de Rogelio. "A ver quién me explica por qué todos los grandes cerebros en el fútbol son zurdos o han vestido la número diez: Puskas, Maradona, Cardeñosa, Gento, Pelé...", sentencia Rogelio Sosa Ramírez. Un viejo Seat 127, con Antonio García al volante, remolca el rodillo que aplana la hierba verde del campo del Coria, el Estadio Guadalquivir. Los vapores surcan el canal del gran río: van y vienen, entre marismas de arroz y toros bravos, a la broa de Sanlúcar. Es la manera que tiene el Guadalquivir, el río Betis, el gran padre de la Bética, de rendir su homenaje de curiosidad a las tres pirámides del buen pueblo verdiblanco.

Y cuando un nuevo Betis-Real Madrid amanece por la esquinita de Heliópolis, precisamente la Ciudad del Sol, un nombre une a las tres leyendas. Justo: Alfredo Di Stéfano. Luis del Sol, el sol verdiblanco que marcó el primer gol oficial en el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, 2-4 para el Betis, es el que ahora enlaza la memoria del tiempo: "Yo he jugado con y contra Alfredo, y puedo decir que no ha habido nadie mejor que él. Habría quien hiciera regates más bonitos o quien le diera mejor de cabeza, pero él era el mejor de todos. Te lo veías venir en un partido, y ni siquiera te podías acercar a él. Vamos, es que ni si se te ocurría. Daba la impresión de que podías partirte si le entrabas. ¿Los italianos? ¿Rivera, Mazzola? Eran buenos, pero eran lineales en un fútbol lineal".

Se le pregunta a Rogelio, entre amagos de cadera. Sin dudas: "El mejor ha sido Alfredo. Lo hacía todo. ¿Que si hoy hubiera sido igual? Vamos, hombre. Mira, niño, hoy sale Gento a jugar y le tienen que marcar dos defensas de esos de hoy. Les hubiera pasado a cien por hora... y habría centrado a doscientos, después de hacerles la reolina, pararse en carrera y partirles de tacón. Yo he visto a Gento en el campo del Betis escaparse de León Lasa, rodeándole por el pasillo de albero, y con Lasa agarrándole. Y eso que Lasa era el lateral más rápido que teníamos..."

Gordillo vino después. Gordillo es del Cristo de los Gitanos y de un número diez: "Maradona". "Aunque todos ellos, Luis, Rogelio, y en el mismo Madrid, cuando estuve, me han hablado maravillas de lo que hacía Di Stéfano. Y de Puskas. A mí me pilló un poco tarde para verlos". Gordillo debutó en el primer equipo del Betis en la temporada 1976-77, a las órdenes de Rafa Iriondo. No estuvo en la final de la I Copa del Rey, ante el Athletic, porque ya había jugado esa Copa con el filial, Betis Deportivo. Y de 1985 a 1992, vivió ocho temporadas sensacionales en el Bernabéu: pisando las huellas de Del Sol.

El Madrid.

Gordillo tiene una forma peculiar de analizar la situación del Real Madrid: "Hombre, faltan Ronaldo y Baptista, y eso es mucho en un equipo que se ha hecho a base de figuras. Yo digo ahora mismo que va a haber un día en el que le va a salir todo a todos, y ese día va a haber un equipo que se va a llevar del Bernabéu, no sé, seis o siete goles: seguro. Pero el Barcelona pesa mucho, va a ganar muchos partidos". Rogelio apostilla: "Si me tuviera que quedar con alguno del Barça, sería Etoo. Qué tío: parece que juega con hambre de semanas. Ronaldinho lo tiene todo, pero el mío es Etoo".

GG

Sobre esto, Gordillo maneja la misma reflexión que muchos madridistas: "No sé cómo el Madrid permitió que Etoo se fuese al Barça. Que se lo hubiesen dado al Manchester, si no había más remedio, si no podía ser suplente de Ronaldo. Pero al Barça, no, hombre..."

Y, con escala en la velocidad felina de Etoo y cuando la hierba de Coria se templa de nuevo y por unos segundos milagrosos al compás de la pata de caoba, regresamos a Di Stéfano. El Madrid se ha llevado tres goles en Riazor, y Don Alfredo, hoy presidente de honor, ha soltado sentencias. Sentencias que comenta Luis del Sol: "Claro que estas cosas pasan o pueden pasar: pero no ya cuando el Madrid pierde, porque perder, se puede perder, pero resulta que la imagen hay que cuidarla. Y la imagen que se dio en Riazor es difícil de aguantar para un equipo con la categoría y las obligaciones del Madrid. Lo que yo veo, en general, es que todos los equipos grandes tienen que estar construidos con la mejor lógica. Todas las cosas tienen que hacerse con mucho tacto y que no pase nada anormal".

El Betis.

¿Y el Betis, Rogelio? Ese Betis que a estas alturas navega justito por la misma situación que en aquella célebre temporada 77-78: cuando pasó de la cima de Rusia, de los cuartos de final de la Recopa, a la sima de Murcia, el segundazo más doloroso.

"Al Betis hay que mimarlo, claro, pero es que estas situaciones se van complicando y no se sabe bien por qué. En la 77-78, el equipo se nos fue a Segunda con el mismo entrenador, Iriondo, y los mismos jugadores que habían hecho una campaña sensacional en la 76-77. No sé: yo veo que el juego pasa poco por el centro del campo, y que tampoco se roban demasiados balones. ¿Rotaciones? ¿Qué es eso? En toda la época que yo me llevé jugando, no escuché la palabra rotaciones. Eso no existía".

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Rogelio y Gordillo hablan de planes inmobiliarios. Del Sol sigue en contacto con sus viejos amigos de la Vieja Señora de Turín: la Juventus. Luis, Luigi, sette pulmoni, siete pulmones, recuerda a otro dios del fútbol que ve pasar los días en un hospital de Budapest. Es aquel a quien llamaron Cañoncito Pum y El Coronel Galopante. Ferenc Puskas. Del Sol: "Madre mía, y aún dicen que si Puskas hubiera podido jugar hoy. Pero si yo no he visto a nadie en ningún campo de fútbol hacer las cosas que hacía él con esa pierna izquierda. A nadie, Alejandro, a nadie".

El Estadio Guadalquivir se cierra, el enésimo barco enfila el Coto de Doñana, y el viaje a través del tiempo y el espacio va acabando. Mañana, en la salida del túnel de vestuarios de Heliópolis, Betis y Madrid. Entre 22 hombres de corto no habrá otro Del Sol, otro Rogelio, ni otro Gordillo. El tiempo es imbatible. Y la memoria nos mata. Podemos preguntarnos quién fue el mejor: Luis del Sol, Rogelio o Gordillo. Yo viví lo mejor de Rogelio, la caoba, y de Gordillo, el huracán. Pero el alma me dicta que no hubo otro como Luis del Sol: el héroe del 2-4 en el Pizjuán, el héroe de mi padre.

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