La fe empató al talento
El Barça perdonó a un Depor que arañó un empate.

Si uno tuviera que decir algo malo del Barcelona, diría que es demasiado bueno (por inocente). Porque su equipo y su juego son encomiables, excelsos. Enfrente tuvo ayer a un Deportivo que envejece con orgullo, virtud que le regaló un empate épico.
Dar la pelota al Barça y jugar en el balcón del propio área es un suicidio digno de los davidianos de David Koresh. Pero cuando está enfrente la máquina de Rijkaard uno acaba atropellado. Salvo si en tu equipo juega un tal Andrade, central imperial de talla colosal. Anoche el Deportivo se sujetó hasta que el luso se retiró lesionado. Caparrós, en una decisión cuanto menos discutible, optó por Juanma y no por Romero. Cambió un tenedor por un cuchillo cuando ya disponía de otro (Coloccini). Y Etoo lo festejó desatando su fútbol.
Hasta entonces el Depor había mostrado un perfil disciplinado y sobrio, pero obediente. Con Irureta el equipo apostaba por coger de la pechera a los rivales, ahora (obligado por una plantilla menguante) asume su papel secundario. En ataque, un eléctrico Munitis pellizcaba a la zaga culé con sus diagonales cuando una jugada aislada premió el oportunismo de Valerón que rentabilizó un balón suelto que preguntaba por el advenedizo Tristán. Con el marcador a favor y Andrade guardando las espaldas, el Deportivo se sentía reconfortado. Hasta que el luso se lesionó...
Entonces surgió Samuel Etoo, anoche en su versión más lúdica: el Neng de Riazor. Una triangulación de libro plantó al camerunés ante Molina (sin noticias de Juanma, el sustituto de Andrade). Definió con la frialdad de un psicópata. Minutos después coronó una carrera con un pase que Ronadinho alojó en la red de Molina. Justo antes del descanso. Y si había dudas, Molina atropelló a Deco, desliz que Dinho castigó con un tercer gol. El crimen perfecto. Casi...
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La segunda parte ofreció un espectáculo delicioso. La fe frente al talento. Etoo, un Tristán de caoba con la aceleración del Mercedes y la fiabilidad del Renault, mandaba, pero una joya de Munitis premió el orgullo de los gladiadores de Caparrós. Había vida ante un Barça a ratos celestial. El empate llegó en un agónico barullo que Rubén rentabilizó.
El Depor ganó un punto y el Barça perdió dos en un partido precioso que regaló seis goles y reivindicó este maravilloso deporte llamado fútbol.



