Yo digo | Mario Ornat

Soláns, frente a la conjura de los necios

Mario Ornat
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Uno se pregunta qué pensará Villar cuando Alfonso Soláns le vaya con las quejas del Zaragoza. Porque Villar tiene un gesto permanente de desahogo, como de boba lejanía, que comparte con Sánchez Arminio y que desanima la protesta, a la vez que alienta cualquier otra reacción. La gente del Zaragoza quería la impugnación del partido, pero la gente siempre quiere este tipo de cosas. Quiere que su club sea fuerte, decidido, resuelto... El embrollo legal es demasiado grueso, pero si el Zaragoza se planteó denunciar quizás debió hacerlo sin cacarear de antemano. Que no lo haya hecho (y que se deshaga en plebeyos cumplidos al estamento arbitral) denota una cierta debilidad y un miedo cierto. A las consecuencias, al poder del Barça, a la represalia. Eso habla de lo podrido que está el fútbol, que siempre fue un refugio de bajos instintos.

La protesta no servirá de nada. Aquí se ventila el poder que disputan históricamente Barça y Madrid, con los zaragozas de turno como proyectil conveniente. El Zaragoza le importa a los zaragocistas y a nadie más. Y si la Liga asiste a una conspiración, ha de ser una conspiración de silencio a la que los colegiados se suman de manera individual; no se sabe si por entrar en un tácito concurso de méritos, por gregarismo o por pura incapacidad para hacer del arbitraje una profesión digna, acorde al fútbol moderno en España. Más que a una conspiración, todo esto se parece a una conjura de necios. Ellos siempre lo negarán, claro. ¿Quién va a afirmar su propia necedad?

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