Fúbol | Evolución en el modo de festejar los goles

Celebraciones animadas de ayer y de hoy

Para los pioneros era una desconsideración al contrario festejar los goles. Hoy el rival importa poco y el gesto ensayado sustituye a la espontaneidad

<B>DI STÉFANO: EL GRITO DE TARZÁN</B>
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Di Stéfano: el grito de Tarzán

El grito debió retumbar en el Bernabéu como si hubiera salido de la garganta de Tarzán. Di Stéfano lograba el cuarto gol del Madrid ante el Vasas y demostraba a la posteridad como se las gastaba La Saeta. La foto, de Agustín Vega.

Eusebio: el balón era suyo

Curiosa relación la de Eusebio con el balón: era suyo, lo molía a chutazos y al final se lo llevaba a casa. Campeón de Europa con el Benfica en 1961 y 62.

Mateos: fifirichi, como un actor

Como un actor que saluda al final de la obra. Así celebró Mateos su gol ante el Manchester en la Copa de Europa. El teatro de los sueños estaba en Madrid.

Pelé: por encima del resto

O'Rei, capaz de cualquier cosa sobre un campo, celebraba sus obras de arte con sobriedad, bastaba un salto con el brazo al cielo y el puño cerrado. Sólo se le recuerdan más brincos cuando marcó a Suecia en 1958.

Kubala: fiesta con la afición

Kubala celebró un gol en Les Corts casi como esos modernos que palmean las manos de sus fans. No fue el ego, sino la inercia de la jugada lo que le llevó hasta el fondo del estadio, donde la afición aclamaba al ídolo.

Maradona: el grito de la boca

El Diego sólo levantaba la mano para dársela a Dios. Por eso celebraba los goles a gritos, quizá de rabia, de euforia o de ayuda. Por algo se hizo grande en Boca.

Amancio: alegría a ras de hierba

El Gallego Sabio acababa de marcar en el Manzanares. Tras él, Peinado. Frente a la impostura, la espontaneidad.

Beckham: el capitán y sus poderes

Fabuloso gol de Becks a Grecia que clasifica a Inglaterra para el Mundial de Corea y Japón. El capitán, torero, se arrodilla ante la grada y muestra sus poderes.

Fowler: esnifó la línea de fondo

La afición del Everton le acusó a coro de cocainómano y Robbie contestó con un gol y una peligrosa simulación: esnifar las líneas. Lo peor es que tenía estilo.

El clan de Ronie: la cucamona

El asunto nació como una apuesta y la ganó Ronaldo, que hizo la cucaracha secundado por Robinho y Roberto. Piterman no se tomó bien la ocurrencia, pero ellos, pese a las críticas, amenazan con homenajear al zoológico entero.

Úbeda: Papá es Spiderman

Se celebraba en Chile el Día del Niño y Úbeda, ex del C. de Murcia y Alicante, decidió celebrarlo así. Su hijo le pidió que siempre festejara con máscara y accedió.

Elber: reverencia al escudo

Derby en Múnich y Elber celebra su gol ante el 1860 adorando la camiseta de su equipo, aunque también pudiera ser que estuviera mirando a La Meca, no quedó claro. Ahora adora la camiseta del Borussia M'Gladbach.

Bebeto acuna a su bebé

En USA 94 nos descubrió que había sido padre. Ya no hay papá sin cuna.

Kuqi: planchazo kosovar

El del Rovers celebra con una pechada sus goles. Su novia, bien, gracias.

Leandro: los perros, con correa

El valencianista tuvo la ocurrencia de celebrar un gol en el Calderón imitando a un perro que levanta la patita. Lo hizo ante el Frente Atlético. Fue sancionado.

Gallardo: instinto básico

El sevillista Gallardo mordisquea a Reyes en semejante emplazamiento para celebrar un gol de su compañero. Reyes no tardó en fichar por el Arsenal.

Hugo: pirueta con marketing

La voltereta con la que Hugo Sánchez rubricaba sus goles tenía mucho de marketing, él lo admitía. La pirueta se la copiaron muchos, pero nadie igualó su factura. Lógico. Con el Madrid hizo 207 saltos en 283 partidos.

Ismael: peluca para un título

Ismael, defensa galo del Werder Bremen, celebró de esta guisa el tanto que daba la liga de 2004 a su equipo ante el Bayern. Al Bayern le gustó la peluca y le fichó.

Kiko: el arquero con salero

Gesto, por su inmovilidad, apreciadísimo por los fotógrafos. Lo bautizaron como el arquero. Las flechas las lanzaba con los pies.

Ronaldo: butifarra y silencio

Ronie lleva mal que le menten a la novia y así se lo hizo saber al Frente Atlético. A más increpaciones, más goles. Y callaron.

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