Yo digo Juanma Trueba

Impostura frente a naturalidad

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La regla es sencilla. Debería estar prohibida cualquier celebración que se haya ensayado ante un espejo o en el camerino del vestuario, cualquier festejo que necesite de coreografía o que incluya prendas u objetos ajenos a la indumentaria del futbolista, de tal manera que quedan descartados los teléfonos móviles, los gorros de Papá Noel y las máscaras de Spiderman, siendo aceptado (aunque no aplaudido) el uso de útiles lanzados desde la grada, como el tomate inquisidor, que puede ser devorado sin multa, o el sombrero cordobés que lucía Finidi. Si la vocación interpretativa es incontenible, se recomienda que las representaciones se hagan en calles peatonales, donde además se puede ganar un dinero. Quien reincida escribirá mil veces: "El fútbol no es cuestión de vida o muerte, es algo más importante que todo eso". Bill Shankly lo masculla desde el cielo.

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