Baloncesto | Amaya Valdemoro

"En España, ganas algo o no eres nadie"

Amaya Valdemoro Madariaga (Madrid, 1976) es la bandera de la Selección de baloncesto que conquistó la medalla de bronce en el Europeo de Turquía. Su calidad y temperamento único la han convertido en una referencia en nuestro deporte. Inicia en breve su aventura en el Samara.

<b>LEYENDA VIVA.</b> Amaya es la leyenda viva del basket femenino español.
Actualizado a

Retirada Arantxa Sánchez Vicario y sus bemoles cósmicos, ¿es usted el mejor deportista masculino español?

¡Ja, ja, ja! ¡Arantxa son palabras mayores! Pero sí, me gusta que me pongan como ejemplo de entrega y combatividad. No concibo el deporte más que dándolo todo en la cancha, es una cuestión de orgullo. Fui educada en la lucha y sigo.

Le llaman Torete y Wild Women, Mujer Salvaje, y lleva un toro tatuado en un talón: ha cumplido con esa educación y ejerce.

¡Cosas de la gente! Pero sí, soy cabezota, si se me mete una cosa en la cabeza no paro hasta conseguirla. Creo que la vida es pelea y no me ha ido mal.

Cuando ve jugar a la selección española de fútbol ¿se siente usted extranjera?

Mi carácter me ha causado problemas, eso también hay que decirlo. A mí me quieren o me odian, pero a mis 29 años ya no voy a cambiar... ni lo pretendo. Los futbolistas tienen el problema de que están siempre bajo el foco y un día son los mejores del mundo y al siguiente, los más petardos.

Y no.

Mire, en España hay un gran problema: ganas algo, no eres nadie.

El dichoso exitismo.

Eso es. Nosotras, la Selección me refiero, caímos en cuartos ante Brasil en los Juegos de Atenas, acabamos sextas y para muchos no fue nada. ¿Y usted sabe lo que significa para el baloncesto femenino español ese resultado o el quinto puesto en dos Mundiales?

Perfectamente. Soy el marido de una ex jugadora de los tiempos en la que la media del pívot era medio metro.

¡Exagerado!

Vale.

Pues eso, que no hace tantos años que nos parecía imposible pelear con las mejores tan sólo a nivel europeo. Ahora seguimos peleando a base de echarle valor ante equipos superiores y a veces les ganamos. Nosotras entrenamos dos veces al día, somos profesionales del deporte en su sentido más amplio. Pero el gran shock en España es que no estábamos acostumbrados a que la mujer ganase.

Siga, siga.

En baloncesto es evidente que estamos a años luz de los chicos, pero en este deporte y en otros muchos empezamos a hacer los que hacían los hombres. La clave está en que a ningún deportista le gusta perder y como hemos ido accediendo a un montón de cosas que hace años nos eran muy difíciles de conseguir, el deporte femenino ha dado un salto enorme de calidad. Otra diferencia es que nosotras somos más constantes; a una mujer no le viene de una hora de entrenamiento.

¿Cuánto tiempo se entrena usted?

Mañana y tarde, todos los días excepto después de un partido. En vacaciones, pensando en el Europeo, trabajé con Juanjo Sánchez, preparador físico. Sólo descansábamos los domingos. Y yo, que he tenido mis lesiones, pues hago eso o me paro.

Usted es madridista.

Y de Zidane. Me parece un futbolista impresionante, de esos que te invitan a ir al estadio. También me gusta Raúl.

Raúl, si fuera jugadora de baloncesto, sería Raúl Valdemoro.

Le critican mucho, pero él siempre da la cara y hace algo. Raúl representa todo lo que yo entiendo como sublime en el deporte: la entrega, el afán de superación... Y ha marcado una época, además. El otro día se cumplieron diez años de su debut en la Copa de Europa... y ha ganado tres y ha sido semifinalista en otras dos o tres ocasiones. ¡A ver si el Madrid gana este año la Décima y yo la mía!

Dejó Valencia y firmó por el Samara. ¿Qué le lleva a Rusia?

Mi ambición, las ganas de seguir compitiendo y aprendiendo. Hay gente que me dice si estoy loca y les contesto que me quedan dos o tres años de baloncesto y los quiero aprovechar al máximo. Ahora se me ha metido en la cabeza ser campeona de Europa rodeado de rusos y rusas.

¿No estaba bien en el Ros Casares?

De maravilla. Es el mejor equipo español y con diferencia. Su intención era que continuara, pero pudo más mi afán por explorar un nuevo país, un nuevo club. Y como la oferta era muy buena, no lo dudé.

¿Cómo de buena esa la oferta comparada con el fútbol?

Ganaré en un año lo que los jugadores de élite ganan en un mes.

En Samara.

Junto al Volga, en los Urales, en la llamada estepa rusa. Un cambio radical en mi vida, desde luego.

No será usted friolera.

Sí lo soy. Y sé que en invierno viviremos a 30 bajo cero.

¿Cómo cree que se debe vivir así?

¡Creo que voy a hablar muy pronto el ruso y muy bien, ja, ja! La verdad es que las que van a ser mis compañeras (España y Rusia fueron rivales en el pasado Europeo y ganaron las nuestras por 83-77, en el tercer partido del grupo; al final, Rusia fue plata y España, bronce) me han comentado que se juntan a cenar después de los partidos, van juntas a los conciertos de música, naturalmente rusa, que se celebran a menudo... La verdad es que se sale poco. Pero quizá más complicado me resultó la experiencia en Estados Unidos, donde fue muy convencida de que todo sería sencillo y la llegada ya me indicó que de eso, ni hablar.

¿Qué le pasó?

Entendí mal la hora en que debía presentarme a mi primer partido y llegué cuando el resto del equipo había salido hacia el pabellón: ¡me llevaron en una limusina!

Porque usted, lo de casarse y tener niños y esas cosas mundanas...

No, de mamá no me veo.

¿Tiene novio o para qué?

¡Cómo quiere que tenga un novio si me paso la vida de acá para allá!

Y le compensa, claro.

Desde niña, cuando llegaba a casa con el chándal roto y las rodillas peladas supe que mi vida sería el deporte. Jugaba al fútbol, corría... Un día faltó una jugadora en el equipo de baloncesto de mi hermana Virginia y me apunté. ¡Y hasta ahora! Naturalmente, mis estudios son de Educación Física.

Porque de niña iba para atleta.

Entre los 8 y 13 años practiqué atletismo y llegué a ser campeona de Madrid en lanzamiento de martillo. A los 16 debuté en Primera, ya en el baloncesto. Y a los 17, en la Selección. Hay veces que me parece hasta mentira...

¿Quién ha sido su referencia?

Drazen Petrovic. Y como entrenador, Miki Vukovic, ahora en las oficinas del Pamesa. De Drazen recordaré siempre aquella final de la Recopa en la que metió 62 puntos para el Real Madrid.

Nuestro equipo femenino va camino de serlo en España.

La ilusión son los Juegos de Pekín, la revancha por aquel partido de cuartos que perdimos con Brasil en Atenas. De aquel equipo inicial al de este Europeo sólo quedamos en pie dos jugadoras.

Laia Palau y usted.

Y ella pasó de base a escolta. Se fueron Betty Cebrián, Rosi Sánchez, Sonia Blanco, Begoña García e Ingrid Pons.

Betty e Ingrid, las torres de toda la vida.

Sí, se hizo complicado el día que volvimos al equipo y ellas no estaban. Pero ponga que Ana Montañana y Eva Montesdeoca, dos desconocidas a nivel europeo, jugaron un campeonato espectacular. La gracia en esto es que hay relevo, que es siempre lo difícil.

¿Quién es la mejor jugadora de España, después de usted claro?

No, yo siempre pongo como ejemplo a Elisa Aguilar.

¿Y entre ellos?

Juan Carlos Navarro.

¿Qué hace usted ahora?

Una semana de vacaciones en Estados Unidos, a ver a los amigos y amigas que dejé allí, y p'a Rusia. Que entre el 11 y el 16 de octubre se disputa el Campeonato del Mundo de clubes.

Noticias relacionadas

Pues suerte, querida.

Muchas gracias.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados