Primera | Zaragoza 2 - Valencia 2

La Romareda presencia la reivindicación del 'Guaje'

Quique no lo puso hasta el 79' y Villa logró el empate.

La Romareda presencia la reivindicación del 'Guaje'
Mario Ornat
Actualizado a

En la pródiga historia del fútbol no hay noticia de que un hombre haya anotado un gol después de muerto. La tentativa más aproximada a esa maravilla fue el que ayer hizo Ewerthon en estado de semi inconsciencia. Ocurrió así: a los 30 segundos Diego Milito despertó a Cañizares en una escapada a tambor batiente que conjuró Santi. El rechace quedó haciendo piruetas en el aire y Ayala y Ewerthon se lo disputaron por arriba. El argentino despej el otro cabeceó la testa formidable del defensa. Cayó de rodillas y nadie notó nada, salvo él: puso cara de pasmo y siguió jugando con gran disimulo. Primer acto.

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El segundo fue el córner subsiguiente del Zaragoza, el contraataque armado con dos pases por Baraja y Di Vaio en un triángulo isósceles mortal, el Zaragoza sin ubicaciones lógicas en el regreso, el toque de Di Vaio a Angulo y el remate a gol del sorprendente delantero elegido por Quique. O sea, que el Zaragoza había puesto el pastel en el horno, pero el que se lo zampó fue el Valencia. El tercer acto viaja al minuto 7, cuando Toledo instaló un centro de lado a lado del área que Óscar dejó pasar para que la pelota encontrara, esencialmente solo, a Ewerthon. La hormiga atómica lo vio venir y se le saltaron los ojos de las cuencas. Pese a la lombriz que ya le corría por el vientre, alcanzó a mirar a Cañizares y largó un pelotazo que dobló las manos del portero y la red de su portería. Luego se dio un baile. Al minuto lo ganó el mareo y acaso una náusea. Algo que no notó su equipo, que marcó el segundo gracias a Cani.

En el segundo tiempo, Quique remodeló a su equipo. Entre otros, el Guaje, que salió y tocó una pelota. La segunda, al minuto de pisar el campo que Quique le había negado con ese burdo argumento de la bolsa de carne, fue un pase en ventaja de Mista. Villa hizo la carrera, tan conocida en Zaragoza. Y el remate a gol. El empate. Lo celebró sin celebrarlo, con una cierta amargura que era respeto.

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