Primera | Real Sociedad 2 - Alavés 1

Barkero lidera la mejoría de la Real ante el Alavés

Chuchi Cos metió un central por un delantero con 2-0.

Barkero lidera la mejoría de la Real ante el Alavés
Aritz Gabilondo
Redactor jefe
Aritz Gabilondo (San Sebastián, 1980) es redactor jefe de fútbol internacional de AS. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, empezó su carrera en El País y desde 2002 trabaja en AS. Ha cubierto Mundiales, Eurocopas y Juegos Olímpicos para este diario. Es comentarista de fútbol internacional en Cadena Ser, Movistar+ y Mediaset.
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Pese al gol a última hora de De Lucas que maquilló el resultado, Anoeta presenció ayer una tremenda mejoría de la Real con respecto al derby de San Mamés ante un Alavés que todavía se estará preguntando a qué jugó. Y buena parte de esas dudas se las implantó su propio técnico, Chuchi Cos, que tomó decisiones tan sorprendentes como sustituir a Rubén Navarro, delantero, por Téllez, central, con 2-0 en el marcador.

El caso es que esta vez a la intensidad de juego de la Real se le unió la pegada. Y cobró principal protagonismo Barkero, que ayer actuó en el lateral izquierdo, pero que en dos jugadas a balón parado dejó el partido finiquitado cuando no se había llegado ni tan siquiera al descanso.

El primero de sus goles fue tras un penalti sin sentido cometido por Sarriegi sobre Kovacevic, incombustible toda la tarde. El segundo, gracias a un magistral lanzamiento de falta, calco de otro botado minutos antes por Mikel Alonso que se estrelló en la cruceta. Profundo dolor para un Alavés que aterrizó con demasiado buen corazón en Anoeta y que sólo se dio cuenta de que las cosas iban en serio cuando estaba achicando agua.

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Sin respuesta.

El arrebato vitoriano lo condujo Jandro, hábil como pocos entre líneas, pero una mano providencial de Riesgo a disparo de De Lucas impidió que la sangre llegase al río. Eso pudo cambiar el choque, ya que fue la mejor opción de un Alavés que se decantó demasiado tarde por hincar el diente a su rival y que siguió acusando la fragilidad de su defensa ante los latigazos donostiarras. La Real, con el viento claramente a favor, se dedicó entonces a guardar su preciado botín sin bajar la guardia. Aún así, las mejores ocasiones seguían siendo suyas. Aranburu, por ejemplo, tuvo el lazo a la victoria en sus pies, pero estrelló el esférico en el travesaño cuando la gente ya lo celebraba. Los dos goles, los dos postes y el dominio del juego atestiguaban, si alguien no lo sabía, que el encuentro sólo tenía un color. Y la algarabía se hizo doble cuando Amorrortu hizo debutar a Novo e introdujo a Nihat tras su largo calvario. Demasiados excesos para un equipo aún enfermo, lo que provoco que el Alavés pudiese dar sus últimas bocanadas de orgullo con el público ya en los vomitorios. Bodipo falló, pero no De Lucas, que recortó distancias y dejó la pregunta en el aire de qué hubiera pasado si el Alavés no hubiese salido tan ofuscado de ideas en un principio.

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