Primera | Deportivo 1 - Atlético 0

Capdevila tumbó a Bianchi

El Depor fue mejor y ganó en el 94'+. El Atleti, raro.

Capdevila tumbó a Bianchi
Iñako Díaz-Guerra
Actualizado a

Bianchi jugó con fuego y alguien debería haberle explicado antes dónde estaba, que en el Atlético cualquier riesgo innecesario es castigado sin piedad. La suerte va con otros. Lo primero, digamos que el Deportivo fue superior y mereció ganar por las buenas, pero lo hizo por las malas. Con un gol de Capdevila, un ex atlético que ya marcó a los rojiblancos el año pasado, en el minuto 94 y precedido de una falta clarísima sobre Valera. Daudén miró hacia otro lado y Bianchi recibió el castigo esperado a la temeridad de salir sin Kezman y con Petrov y alinear un trivote extrañísimo, con Zahínos de titular.

Cuando un técnico hace experimentos como el del Virrey ayer, uno tiende a pensar que sabe algo que nosotros desconocemos. Bueno, pues no. Zahínos estuvo impreciso en tierra de nadie, entre la defensa y el centro del campo, Maxi sigue desaparecido en combate y Torres luchó sólo contra la defensa coruñesa, contra sí mismo y contra el mundo. Perdió todas las guerras, pero se dejó el alma y mereció el gol, que le birló Molina con un paradón espectacular ante un gran cabezazo. Como el fútbol lo tiene y terminará volviendo, se le agradece el empeño de aportar en otros campos mientras los hados, o lo que sea, están de vacaciones. Por cierto, Riazor pitó sin desmayo al Niño. Históricamente, la masa suele adoptar modas muy absurdas, desde la licra hasta los chinitos de la suerte.

Enfrente, ojito al Depor que es un equipo con aire de estar en la cuesta abajo pero de sorprendente rendimiento. Munitis parece Chicho Terremoto. Volvió loco al Atlético y creo ocasión tras ocasión, chocando siempre con un Leo Franco maravilloso. El milagro de Caparrós con la resurrección de Munitis es tremendo. Tanto que le creemos capaz de cualquier cosa. Bueno, menos de recuperar a Tristán para la causa. Valerón juega a ritmo de pachanga, pero cuando la toca sigue creando inquietud. A Diego, el canario debe parecerle un velocista. Es una lástima ver a un futbolista con semejante potencial sacarse tan poco partido. Los que no tenemos talento llevamos fatal estos desperdicios.

Mucho ritmo. El partido no tuvo freno. El Atlético comenzó dominando ambas partes, pero sigue disparando con balas de fogueo. Por eso, la ausencia de Petrov, que nunca se anda con bromas, y de Kezman, que venía de marcarnos un gol en el alma el miércoles, resulta aún más insensata. Si comienza a dar descanso a los jugadores el 10 de septiembre, en marzo juega el filial. Y eso sin partido europeo entre semana. El regalo de Bianchi nunca sera desaprovechado por un equipo de Caparrós.

El Depor tiene lo que tiene y su técnico no hace experimentos. Llegará donde le permitan Duscher mordiendo tobillos, Sergio llegando con peligro, Munitis omnipresente, la genialidad intermitente de Valerón y el aire fresco de Rubén. No es mucho, pero le saca el máximo rendimiento. Dos partidos, dos victorias por 1-0.

El Atlético es el caso contrario. Mucho brillo y ninguna efectividad. Un punto en dos jornadas y viene el Barça. Los nervios afloran, me temo. Además, la sensatez de Bianchi quedó ayer en entredicho. Habrá quien diga que el Atleti vuelve loco a cualquiera. Puede ser, pero lo que está claro es que todo lo imposible tiene cabida en sus partidos: un gol de un defensa en la prolongación, falta mediante. Cambian los personajes, la película acaba igual. Bianchi ya sabe dónde se ha metido. O no. Los entrenadores son gente extraña.

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Corría el minuto 37 cuando Tristán recoje un balón servido en el área pequeña, pero su remate se topa con las partes nobles de Leo Franco. El arquero tuvo que ser atendido.

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