El Pizjuán fue Maracaná
Brasil necesitó un gol en propia meta de Alfaro para lograr un empate ante los sevillistas

Y el Sánchez Pizjuán se convirtió en Maracaná. Los sevillistas, con el orgullo del mejor presidente de toda la historia, Ramón Sánchez Pizjuán, pelearon con garra para casi tumbar a la pentacampeona del mundo. Brasil necesitó un gol de Pablo Alfaro en propia puerta para alcanzar el empate. Pero ni ese pequeño borrón fue suficiente para estropear la noche mágica de Nervión. Y es que el Centenario sevillista se vistió de gala, con túnicas amarillas, para honrar la historia del club nervionense. Brasil no defraudó y, jugando sólo a medio gas, ofreció pinceladas repletas de una calidad inalcanzable para el resto de los futbolistas. Sobre todo durante la primera parte, con los galácticos en el campo. Parreira no engañó y sacó de inicio al séptimo de caballería, a un once es-pec-ta-cu-lar, que luchará el próximo verano por el Mundial de Alemania.
El partido tuvo libertad en las marcas o, por lo menos, eso es lo que parecía por la facilidad con la que el escuadrón de la muerte (Ronaldinho-Robinho-Kaká-Adriano) merodeó, mientras estuvo en el campo, el área sevillista. Los brasileños tocaban y tocaban al borde del área, mareaban a su presa y la sorprendía con pases a la espalda. Kaká y Adriano montaron un par de jugadas que sólo... Kaká y Adriano pueden armar.
Sin miedo.
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Pero el Sevilla no se asustó con el exagerado control de juego brasileño. El equipo de Juande se tomó muy en serio el partido. Salió con la quinta velocidad para no ser desbordado por la pentacampeona. Los de Juande no se entregaron y disfrutaron de varias ocasiones claras de gol. Jordi, Saviola o Luis Fabiano pudieron haber adelantado a su equipo. Lo extraño fue que no cayera ni un solo gol durante el primer periodo.
Parreira reformó el equipo en la segunda parte. Salieron los menos buenos y Brasil lo notó. Parecía que se daba por satisfecho con lo hecho y el Sevilla lo aprovechó. Saviola seguía muy activo; Navas hizo alguna de las suyas, como si procediera de una favela; Antonio López estuvo cerca de convertir una jugada del pibito, Luis Fabiano se hundía en una carrera en solitario... Los locales se crecían. Faltaba el caramelito, que lo traía bien guardado el gigante Kanouté. Lo que no fue capaz de hacer el brasileño Luis Fabiano sí lo hizo el francés. Los cambios rebajaron el nivel de Brasil, que parecía dar el partido por acabado. El Sevilla soñaba con una victoria histórica, pero se encontró con un gol de Pablo Alfaro en propia puerta. Un empate con sabor a gloria. El Pizjuán resistió el ataque.



