Paco Camino, Curro Romero y ahora... Sergio Ramos
Toreros de duende y el bético Capi, paisanos de Sergio


En los años 30 y 40, en Camas, a menos de diez minutos de Sevilla en tranvía, nacían toreros buenos. ¿Buenos, dice usted? No, señor: nacían mitos. Paco Camino, el Niño Sabio de Camas, y Francisco Romero López, El Faraón: llámenle Curro, no hace falta más. Y también nacía por ejemplo el gitano Salomón Vargas, hermano de Gitanillo de Camas. Salomón fue el que enseñó a Curro Romero a mecer el capote. Quédense con esta frase antológica de Vargas: "Lo que le pasa a Curro es que, cuando torea, los avíos, toro y torero, tó va a la vez".
Hay en Camas un extraño hilo invisible que une la suerte, la muerte, el duende y el fútbol. Verán, son historias de otros tiempos. De cuando debutaban estos fenómenos en la placita de La Pañoleta, junto a los raíles del tranvía. Estos fenómenos que aprendieron a torear... en el viejo campo del fútbol del Camas. Allí, Salomón Vargas le dijo a Curro Romero: "Hijo, con dos dedos basta para mover un capote como te salga del corazón". Casi 40 años después, el novillo Avioncito corneará fatalmente en La Maestranza al banderillero Ramón Soto Vargas, de la misma dinastía de Salomón. Una calle de Camas lleva hoy el nombre de Ramón Soto Vargas.
Betis y Sevilla. Pepe Brageli era el mecenas de esa Pañoleta que vio crecer a otros toreros de Camas: Marqueño. En esos años 40 y 50, cartillas y racionamiento, Camino y Romero buscaban La Pañoleta y el campo del Camas como pasadizo salvador contra las estrecheces. Nacido en la calle del Ángel, Curro se endureció en Gambogaz, la finca de Queipo de Llano, y fue recadero en la farmacia de Pedro Fernández Conradi: la vida.
Y siempre, siempre, anidaba en los chavales de La Pañoleta una devoción futbolera: en el caso de Camino y Romero, sus corazones latían y sufrían al dictado de las andanzas del Real Betis Balompié: Del Sol. Había toreritos sevillistas, pero, lo siento, sin el renombre del Niño Sabio y el Faraón. Los pueblos de Sevilla tienen más verdes las raíces. Los años, los interminables años, proclamarían a Paco Camino como la mejor mano derecha del toreo. A Curro lo dejaron en Curro. Punto.
Y en los años 80 y 90, cuando aún toreaban Camino y Romero, los tiempos empezaron a cambiar en Camas. Se habían terminado los tranvías. La ronda de circunvalación SE-30 acabó con la placita de La Pañoleta. El pueblo se aceleró, se disparó. Ya no estaba Salomón Vargas para enseñar a mover y mecer el capote con dos dedos. En los campos de fútbol de Camas, los chavales jugaban... al fútbol.
Ahí aparecieron Capi y Sergio Ramos, una subversión simbólica: casi cuando caía la placita, los niños, los nuevos fenómenos, iban a ponerse las camisetas del Betis y el Sevilla.
Hoy, Capi y Sergio siguen siendo tan colegas y amigos como Camino y Romero, a cuyas dos eminencias reunió Camas en homenaje hace nada y menos. Los niños cameros del fútbol ya no hablan de becerradas. A Sergio le molan las consolas, los chats de Internet y las motitos enanas. Disfrutó estrechando la mano de Curro Romero. Le gusta tocar la guitarra y, por extraña ironía del destino, compartía habitación en los viajes con el fino estilista Javi Navarro.
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Más ironías en sintonía: cuentan sabias consejas sevillistas que Javi ha insistido a Sergio para que lea buenos libros. Navarro le recomienda buena literatura a Ramos. ¿Y gramática parda? Ni se sabe, ni se contesta.
Hoy, el Madrid se lleva a Sergio, como Cuqui Fierro se quedó con cierto traje de Curro: celeste y oro. Recuerden eso que Salomón Vargas decía de Romero: "Cuando torea, los avíos, toro y torero, tó va a la vez". Algo parecido ocurre cuando sale en defensa un expreso llamado Sergio Ramos. Es ese hilo mágico...



