Primera | Zaragoza

El factor decisivo fue el deseo de jugar del portero

Michel Román, fisio del Zaragoza, encauzó en 12 días la ansiedad de César por jugar. Y lo consiguió.

<b>RECUPERACIÓN.</b> César tenía ganas de debutar con su equipo en partido oficial.
Mario Ornat
Actualizado a

Había riesgo, pero era un riesgo controlado". Lo dice Míchel Román, el fisioterapeuta del Zaragoza, que ha encauzado el deseo de César por jugar en el Calderón, hasta cumplirlo. Ese, el deseo, ha sido el factor fundamental: "Desde el primer día César ha sido ambicioso, ha tenido ansia por jugar. Siendo un jugador veterano y curtido, casi me daba apuro frenarlo". La rotura de fibras era de 35 milímetros de largo por 7 milímetros de ancho. Pero a César le ha costado sólo 12 días superar una lesión que se pensaba de tres semanas.

Si uno se pregunta cómo ha sido posible, parece evidente: a base de trabajo y del excelente cuidado de Michel Román, profesional abnegado que supedita su tiempo, incluso el libre, a las necesidades físicas del futbolista. Por ejemplo: en Valladolid tuvieron que buscar un gimnasio en las páginas amarillas para que César no interrumpiera su mejoría, mientras el resto de la plantilla preparaba el amistoso con el Valladolid. "Allí los gimnasios cierran los sábados de verano. Así que acabamos -cuenta Míchel- en el de un entrenador del equipo juvenil que nos abrió el suyo. Le tuvimos que quitar horas al descanso de César y al mío, porque yo no puedo desatender a los demás jugadores".

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Ya en Zaragoza, el portero trabajo mañana y tarde, en periodos evolutivos de dos en dos días. Primero vendajes, hielo, masaje, estiramientos, corrientes... Luego, bicicleta para no perder el tono físico. Más tarde pesas, primero reforzando todos los músculos de alrededor para que trabajasen por el dañado; luego, forzando con cargas de hasta 35 y 40 kilos el propio músculo afectado... Al sexto día comenzó a correr. Al séptimo, una ecografía reveló que la cicatriz iba camino de cerrarse. "César hizo cuentas y me dijo: 'Si esto va así, el viernes tengo que estar perfectamente". Y así fue: al octavo día se puso bajo los palos, trabajo específico muy controlado. Y fue subiendo el nivel hasta el sábado. César se sentía preparado...

"Los dos últimos días paramos porque yo sabía que notaría el cansancio en el partido". En el vestuario, el guardameta hizo un trabajo fuerte de calentamiento y potencia. Se le aplicó un vendaje... y al campo: "Efectivamente se cansó, pero me dijo que se había sentido muy fuerte por el trabajo que habíamos hecho", cuenta el fisio zaragocista. "Incluso por sí mismo decidió sacar de bote pronto para que el golpeo no resultara tan problemático. Eso demuestra que sabía lo que hacía". El resultado fue un éxito rotundo. César estuvo ágil, rápido y no sintió molestias. "El mérito es suyo -concluye Míchel-: si un jugador no tiene ese deseo, ni el mejor fisio del mundo es capaz de recuperarlo".

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