Recital de Petrov sin gol
El Atlético perdonó en exceso a un duro Zaragoza.

El Atlético de Bianchi es otro durante 80 metros de campo. Toca, llega, desborda, crea... Juega bien al fútbol, en definitiva, algo casi olvidado en el Calderón. Pero en el área vuelven los viejos fantasmas. Y un fantasma de los que da miedo en plan te voy a hacer la vida imposible, no pequeño y simpático como Casper. No hay gol y sin gol no hay nada. Bueno, sí, hay Petrov. El búlgaro dio una exhibición que nadie remató y que permitió al Zaragoza llevarse del Manzanares, a base de patadas, un punto y parte de la ilusión rojiblanca.
Los primeros veinte minutos del Atlético fueron espectaculares. Con Luccin imperial y Petrov esquivando defensas como si fueran pivotes de entrenamiento, a la afición se le caía la baba. En el minuto 7, Kezman se quedó solo delante de César, que salió por hacer algo, ya que estaba batido. Les juro que he visto mucho al serbio y ésas no las falla. Pues falló. Nadie se preocupó demasiado porque la frenética carga rojiblanca no concedía tiempo para ello: Maxi rozando el palo, tirazo de Luccin, disparo de Petrov que despeja César a córner...
Dureza.
El búlgaro parecía imparable, pero Ponzio decidió frenarle en seco: coz, placaje, empujón... Un amplio repertorio. Y, en vista de que Iturralde estaba magnánimo y racionaba las tarjetas, sus compañeros se animaron. Y entre patada y patada, Ewerthon corría como Justin Gatlin, a ver qué pasaba. Y lo que pasó fue que en una de sus arrancadas se la puso rasita a Sergio García en el área pequeña, centrado y sin portero. La hubiera metido hasta el Atleti, pero el nuevo delantero zaragocista la mandó al río. Me temo que el nombre más escuchado esta temporada en La Romareda será Villa.
Pese al susto y la caraja de Iturralde, que convirtió una roja a Ewerthon por patada en el hígado a Gabi en una amarilla para ambos, el Atlético siguió llegando con insistencia. Otra gran jugada de Petrov la remató Kezman a la madera con la espinilla. El búlgaro no se rendía y le metió un sensacional pase en profundidad a Torres. El Niño, mal tirando a horrible toda la tarde, decidió disparar de primeras en lugar de ponérsela a Kezman, que llegaba solo, y César despejó.
El portero extremeño parecía olvidar sus años gafes en el Madrid, pero nos dejó un detalle en colaboración con el inefable Iturralde con una patada al aire que el árbitro convirtió en un nuevo invento: la autocesión. Daba igual, porque Kezman lanzó fuera.
En la segunda parte, Petrov se apagó progresivamente viendo cómo sus compañeros fallaban y Ponzio seguía pegándole con impunidad. Que el Zaragoza acabara con once es inexplicable para cualquiera que no sea árbitro. Esa especie desconocida. Y con el búlgaro acorralado, el Atlético desapareció y su rival, siempre con Ewerthon a la carrera, creció mucho y empezó a acumular oportunidades, bien resueltas siempre por Leo Franco, Pablo y Perea. Los centrales no han perdido el tino. En cambio, Velasco sigue sin encontrarlo. Cada vez que le encaró Savio le hizo falta. Su banda es un agujero negro.
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El Zaragoza necesita urgentemente un delantero y algo de bromuro, porque con otros árbitros tendrá problemas. Por su parte, el Atlético recibió el primer golpe de la temporada en su históricamente frágil mentón. No deberían aparecer ya las dudas. Su primer tiempo fue brillante, tiene una gran defensa, dos buenos pivotes y mucho talento arriba. Sí, con Kezman y Torres. Petrov las pone tan bien, que acabarán por entrar. Y de la publicidad de Gigoló europeo podría escribir durante horas, pero hay niños leyendo. Otro día.
iturralde desquició al atlético Iturralde fue muy permisivo con la dureza del Zaragoza durante todo el partido. Al final, los jugadores del Atlético acabaron desesperados con el colegiado.




