Pavoni: Cerebro del Cádiz y fanático de Aimar

Matías Pavoni Escabuso (Buenos Aires, 25-9-80) es un hippie del fútbol. Un bohemio, pero eso sí, currante como el que más. Sólo así se entiende lo que ha superado. Con su calidad reconocida fue capaz de sobrevivir a un año en Segunda B con el Cádiz. Una temporada de patadas, de dobles jornadas de entrenamiento con la presión incondicional de José González. Ya se sabe, horas de videos a tutiplén y fútbol, mucho fútbol. Quizás demasiado. Pero así, el bueno de Matías, que soñaba poder jugar algún día en el mismo terreno de juego de 'su Dios', Pablo Aimar, se endureció mientras entendía el carácter del gaditano. Los males, con una barbacoa en los Caños de Meca (ya saben, en el Cabo de Trafalgar), son menos males. Y así ha ido creciendo mientras quemaba etapas, y lesiones. Su pelvis se resquebrajó a mediados de su primer año en Segunda, y sólo el gaditano y su apoyo impidieron lo que era una decisión casi tomada: dejar el balompié. Su padre, José Luis Pavoni, fue un correctísimo y admirado central del River Plate. Luego, tras su retirada, se dedicó a entrenar a los pibes de la reserva del River. Y allí estaba Pablo Aimar, el Cai, con sólo 15 años. Quién sabe, lo mismo por eso Matías no quiso rechazar la oferta del Cai de Segunda B. Por semejanza. Pregúntenle a Matías Pavoni qué piensa de Pablo Aimar. Le dirá que es único, que es el mejor, que es humilde (y añado, como él) y que su velocidad y precisión en el pase es incomparable. Y en esas está el argentino del Submarino Amarillo. Ahora, con más espacios, en Primera, podremos ver al profeta de Aimar inventando pases de tiralíneas al "viejo" Oli, su socio en el área. Victor Espárrago dice de él que éste va a ser su año, que va a explotar, y que va a dejar su impronta en la Liga de los Ases. Y al equipo de la Tacita de Plata no le costó en su día ni un duro. Cosas del "negociador" Antonio Muñoz Vera.



