El perfume del Liverpool
Otra vez tuvo que remontar para llevarse el título


Daniel Carvalho no olvidará jamás al francés Djibril Cissé, el delantero que le privó de ser elegido el mejor jugador de la Supercopa. Puede incluso que Roman Abramovich, benefactor del CSKA a través de su empresa Sibneft, le hubiera ofrecido fichar por el Chelsea, del que es primer accionista.
Y todo por una gran actuación, gol incluído, sólo eclipsada por la no menos espectacular aportación de Cissé, que relegado al banquillo por un extraño capricho de Benítez saltó al campo en el minuto 80 con el partido perdido y le dio la vuelta al marcador con dos goles de delantero de verdad, dos goles de los que debería tomar nota Morientes, su compañero en el Liverpool.
El Liverpool, con cinco españoles en el equipo titular, repitió la gesta del 25 de mayo pasado, cuando remontó en sólo cuarenta y cinco minutos la desventaja ante el todopoderoso Milán en la final de la Copa de Europa. Anoche en Mónaco probó el sabor amargo de la derrota imprevista el CSKA, un equipo hecho para el contraataque. Ocho de sus once jugadores siempre están por detrás del balón. Sólo Zhirkov (un prodigio con la zurda), Carvalho y el brasileño Vágner Love juegan para el gol.
Rafa y la perestroika.
Pronto se descubrió que el partido se iba a decidir por el dominio de los espacios, que no tanto del balón, y por la calidad de los delanteros. Un encuentro muy táctico en el que el Liverpool tuvo más el balón, pero no fue mejor hasta que Benítez dio entrada a Sissoko, Sinama y, sobre todo, a Cissé. Para eso antes fue necesario que Rafa lo viera todo perdido con el gol de Daniel Carvalho en la primera oportunidad del CSKA. Tras deshacerse de Carragher encaró y aguantó a Reina en su salida y le batió de tiro cruzado, por bajo. El 0-1, además, permitió a los rusos hacer el juego que les gusta, y sus contraataques fueron de peligro inminente, aunque intermitente por esa propia voluntad de entregarle el campo al rival. El campo primero, el balón, despúes y el partido y la Supercopa, al final.
Tras el desanso fue cuando el Liverpool intentó, y consiguió, levantar el resultado. Benítez ayudó desde el banquillo corrigiendo algunas posiciones extrañas que admitió de inicio, como por ejemplo la inexplicable tarea que le ordenó a Hamann y a Finnan, ambos fuera de su sitio habitual. El primer cambio propuesto por el técnico español también era recomendable. Entró Sinama Pongolle y se fue Finnan, despistado todo el partido. La segunda sustitución de Benítez, sinceramente, no se termina de entender. Algún día le preguntarán por qué quitó a Alonso. Que diera entrada a Sissoko bien, pero no por Xabi.
Terminó con un tercer cambio que iba a resultar definitivo, el de Riise por Cissé, que al final fue el que reventó el partido, el héroe de la Supercopa. Con ese toque exótico de Sinama Pongolle, Cissé y Sissoko intentó el Liverpool el empate. Y lo consiguió Cissé en un fallo de Akinfeev y una manita suya. Ese gol llevó el partido a la prórroga, y el Liverpool arrasó con ese espíritu del que se impregnó en Estambul. Es el perfume de los reds.
"Owen es único".
Aparte del You'll never walk alone, el hit-parade de Anfield, los seguidores reds cantaron en dos ocasiones una nueva canción que puede llegar a ser todo un éxito: "Owen es único".
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