La odisea del verano acabó con una derrota balsámica
Faltó gol y ajustes defensivos, pero el Espanyol dominó.


Los pericos vuelven hoy volando hacia Barcelona, de donde quizás nunca debieron salir, para ponerse manos a la obra con lo que de verdad interesa: la competición oficial, que emprende su marcha este domingo. Similar sensación debe tener Miguel Ángel Lotina a la de aquel Ulises homérico que al fin regresaba a Ítaca después de sobrevivir a una odisea interminable durante años, que por suerte para el Espanyol ha durado sólo unas semanas.
La última parada de la pretemporada tenía Atenas como escenario. Y la lectura no puede considerarse tan negativa como episodios anteriores de este verano esperpéntico. Cierto que la cosa ante Olympiacos acabó de nuevo en derrota, la enésima consecutiva. Pero el equipo demostró que lo visto en la segunda mitad del Ciutat de Barcelona no había sido un espejismo. Sigue alarmando la falta de gol, de efectividad en los metros que definen a los equipos con aspiraciones, pero el concepto de fútbol ha mejorado.
Juanfran debutó de inicio. Lotina lo situó por la izquierda y cumplió como de él se esperaba. Incluso estuvo a punto de marcar en un par de ocasiones. Zabaleta por la derecha tampoco defraudó, y hasta se pudo ver por momentos aquella conexión De la Peña-Tamudo de la brillante temporada pasada.
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Pero la defensa, el otro punto negro de la pretemporada, también volvió a dejar muestras de que ciertos mecanismos aún fallan. Y así llegó el solitario tanto de Konstantinou, en un inapelable remate de cabeza a centro de Djordjevic, que superó a Armando Sá. El mozambiqueño se estrenó en blanquiazul con la lectura de que en lo defensivo progresa adecuadamente, sin más.
Todo eso a siete días (seis ya) para que comience la Liga. La odisea del juego, del estilo, que tanto preocupaba a Lotina está solventada. Ahora cabrá esperar que el equipo empiece a tejer triunfos. Como Penélope.



