Vive sólo para el fútbol y su familia

Miguel Ángel Lozano (Sabadell, 16-9-1979) no da la imagen que los tediosos y lamentables programitas del 'cuore', tipo Tomate y demás desgracias audiovisuales, dan de los futbolistas; ya saben: jóvenes ricos, famosos y guapetes, amantes del dinero, los coches (cuanto mas impronunciable sea su marca, mejor) y de las niñas monas, pijas y bobas de 'moreno uva'. Todo lo contrario. Ni siquiera podemos decir que a sus 26 años ha alcanzado la madurez futbolística porque, desde el mismo momento en que fichó por el Levante con alrededor de 20 ya la tenía. Por eso se fijó en él Carlos Rincón, responsable de fichajes del Málaga. Desde el primer momento, Miguel Ángel dio la imagen de un líder en el campo y un profesional fuera de él. Casado y con dos niñas cuyos nombres lleva tatuados en su brazos, se ganó el cariño de La Rosaleda. Es un hombre extrovertido, pero no le gusta perder ni a las chapas. Cuando esto sucede, es mejor no hablarle... pero se le pasa pronto el cabreo y vuelve a pensar en el partido siguiente. Su carácter es optimista y ni siquiera se vino abajo cuando Gregorio Manzano se empeñó en desquiciarle (como al resto del equipo) colocándole en la ¡banda izquierda! El año pasado no se mosqueó cuando se frustró su traspaso al Sevilla, pero en esta ocasión vio que había llegado el momento de dar un salto profesional. El dinero no ha sido su prioridad en esta historia. De hecho le ha perdonado al Málaga casi 600.000 euros. Le ilusionaba jugar la Champions, conocía a Serra, don Lorenzo también le conocía y claro...el resto, ya lo saben.



